Quién es Robert Hugh Benson

En la British Library de Londres repasé el registro de libros publicados en Inglaterra entre los años 1903 y 1916, es decir, desde su conversión hasta dos años después de su muerte. Desde 1905 hasta 1915, no pasa un año en el que no haya dos, tres o más obras publicadas de este autor. Muchos de sus libros se reeditaron, como es el caso de A Winnowing, publicado en 1910 por la editorial Hutchinson y reeditado en 1911, 1913 y 1914, o la escalofriante novela The Necromancers, publicada en 1909 también por Hutchinson y reeditado en 1911 y 1912. Esto sin contar las ediciones en diferentes países, como por ejemplo Estados Unidos. The Necromancers, además, fue traducida al castellano y publicado por la editorial Gustavo Gili en 1911. También se tradujo la novela The Lord of the World, publicada por Gustavo Gili en 1909 y 1911.
Esta proliferación literaria contrasta descaradamente con el silencio editorial que hay después de su muerte. En efecto, a partir de 1916, hay un vacío en la publicación de libros de este autor. Parece inexplicable que un hombre con tal éxito quedara sepultado en la historia. Probablemente su muerte, acontecida unos meses después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, debió pasar bastante desapercibida en un país preocupado por la dinámica bélica. Cinco años después, cuando se firmó el Tratado de Versalles, poca gente se acordaba de este hombre excepcional. La vistosa llamarada de Robert Hugh Benson se extinguió, el cometa desapareció y nadie se acordó de haberlos visto.
Hugh nació el 18 de noviembre de 1871 en Wellington College, hijo de Edward White Benson, director del centro, quien se convertiría unos años más tarde en Arzobispo anglicano de Canterbury, primado de la Iglesia de Inglaterra. Era el más joven de seis hermanos. En su libro Hugh, Memoires of a Brother, su hermano Arthur nos da algunos detalles sobre su infancia: “Hablando en general, debería decir de él que en sus primeros años era un niño espabilado, lleno de inventiva, de mente despierta, nada sentimental; estaba acostumbrado a hacer varias cosas a la vez, pero era impaciente y volátil, y nunca se preocupaba de nada, y como consecuencia nunca hizo nada bien”. Esta forma de ser, aunque de alguna manera se mantuvo, cambió radicalmente tras su conversión.
En 1885, consiguió una beca para estudiar en Eton. Cuando llegó al colegio en Septiembre, su hermano Arthur era profesor allí. Después de cuatro años se le ocurrió la idea de presentarse a una especie de oposiciones para el Servicio Civil de la India. Se trasladó a Londres para tomar clases particulares y así prepararse adecuadamente. No se sabe si se lo tomó muy en serio, pero lo cierto es que en 1890 lo intentó, pero suspendió y entonces decidió ir al Trinity College, Cambridge, a estudiar una licenciatura en clásicos. Parece ser que no se esforzó demasiado, ni daba la impresión de ser una promesa intelectual. Decidió, entonces, tomar las órdenes y en 1892 se fue a Llandaff a estudiar con el deán Vaughan. Fue ordenado diácono por su padre en 1894 y empezó su trabajo clerical en la misión de Eton. En 1895 fue ordenado sacerdote. Hacia finales de 1896 su salud se deterioró y se fue a pasar el invierno a Egipto.
En Egipto empezaron a invadirle dudas sobre la Iglesia Anglicana. Se dio cuenta de qué poco contaba esa iglesia en el mundo. Parecía más bien algo que se montaban los ingleses allí donde iban, y era como algo extraño al país en el que se implantaba. En una ocasión entró en la Iglesia católica de una aldea egipcia y le impresionó el contraste. Se trataba de un pobre edificio de barro, pero obviamente formaba parte del lugar, no había sido trasplantada artificialmente. Entonces pensó, por primera vez, que quizá Roma pudiera tener razón. Estos incómodos sentimientos se hicieron más profundos durante el viaje de regreso a casa, pasando por Palestina. Sin embargo, un año en Kemsing como párroco le calmó su ansiedad. Entonces pensó que lo suyo era la vida religiosa, así que pidió entrar en la Comunidad de la Resurrección en Mirfield. Sus primeros dos años los dedicó al estudio, y finalmente en julio de 1901, hizo la profesión de los votos.
Pasó dos años más en Mirfield como religioso. El primero fue muy feliz para él, pero durante el segundo le volvieron a asaltar las viejas dudas, y de una manera tan intensa que abandonó la comunidad al inicio del verano de 1903 y fue recibido en la Iglesia Católica el 11 de Septiembre de ese mismo año por el padre Reginald Buckler, dominico. Hugh Benson marchó a Roma, habiendo terminado ya su primera novela, titulada By What Authority. Un año más tarde regresó a Inglaterra, siendo ya sacerdote de la Iglesia Católica. Pasó dos o tres años afincado en Cambridge. Allí se dio cuenta de que su labor tenía que ir más orientada a escribir y predicar que a tareas pastorales. Como empezó a ganar dinero con sus libros, se decidió a poner en práctica un plan que llevaba rumiando desde hacía tiempo: establecerse en una casa más o menos retirada, donde pudiera leer y escribir sin interrupciones y de allí salir de vez en cuando a predicar a otros lugares. Así que compró una casa en la aldea de Hare Street, cerca de Buntingford, Hertfordshire, a pocos kilómetros de Cambridge, donde pasó los últimos siete años de su vida.
Misteriosamente su carácter indeciso y despreocupado dejó lugar a una determinación y una entrega difíciles de encontrar o entender. Esta aldea de Hertfordshire se convirtió en un gran centro de influencia tanto en Inglaterra como en otros puntos del globo. Viajó a Roma en tres ocasiones a predicar tandas de sermones, y visitó tres veces América para dar conferencias y predicar. La página web de la Universidad de Notre Dame, en South Bend, Indiana, lo cuenta entre sus visitantes ilustres. Pero su actividad más agotadora la desarrollaba en Inglaterra. Siempre estaba desarrollando alguna actividad: predicando aquí, conferenciando allí, dando un Retiro en algún convento, etc., y al volver de cada una de estas actividades todavía encontraba tiempo para escribir un libro tras otro, y contestar una enorme cantidad de correspondencia. Es difícil explicarse cómo es posible que un hombre sea capaz de aguantar una actividad así. Algo dentro de sí le sostenía y le mantenía trabajando al más alto nivel de presión. Parecía que no pudiera mantener dentro la nueva confesión que había abrazado y necesitara expresarla, irradiarla y defenderla.
Un año antes de su muerte escribió que debía bajar el ritmo de trabajo y distribuir mejor el tiempo, porque sentía que estaba al límite de sus fuerzas. Y es que así trabajaba él: al límite de sus fuerzas y, a pesar de todo, mantuvo ese ritmo hasta el momento mismo de su muerte, cuando su forzado motor se rompió definitivamente. Hugh Benson murió en 1914 a los cuarenta y dos años, a una edad en la que muchos hombres alcanzan la madurez de sus capacidades, gastado por su propia incansable e indomable energía. Sus años de converso significaron un modo de vida muy diferente respecto al Hugh infantil que nos ha descrito su hermano Arthur en la cita que he referido un poco más arriba. Quizá habría que modificar esta cita para que concuerde con el Hugh converso. A lo mejor diría algo así: “Tenía una mente rápida y privilegiada, todo lo que estaba a su alcance, lo ponía por obra y lo llevaba a buen puerto. Todo lo que hacía, lo hacía con una energía reconcentrada que daba a entender que ponía su corazón y su alma en ello. La pasión atravesaba cada una de las actividades de su vida, y esto no pasaba desapercibido a ninguno de los que entraban en contacto con él”. Murió como había vivido, con la mente clara hasta el final y trabajando. Falleció el 19 de octubre de 1914 en la casa del obispo de Salford, diócesis a la que había ido a predicar una tanda de sermones en la catedral.
Unos meses antes, el 28 de junio de 1914 fue asesinado en Sarajevo el archiduque Francisco Fernando, probable heredero al trono del imperio austro-húngaro. Un mes después, el 28 de julio, comienza una guerra entre el imperio y Serbia. El 1 de agosto se le declara la guerra a Rusia y el conflicto se extiende a 32 naciones, divididas en dos bandos: los aliados, entre ellos Inglaterra, y las potencias del eje. Hugh muere en octubre. En 1915 se publica póstumamente su última novela, Loneliness, y su hermano Arthur publica Hugh, Memoires of a Brother. El 23 de mayo de ese mismo año, Italia abandona su neutralidad y declara la guerra a Austria, rompiendo así la alianza militar que le unía a Alemania y a Austria. En 1916 el jesuita C.C. Martindale publica la biografía oficial de Hugh, bajo el título Life of Robert Hugh Benson. En 1917, C.C. Martindale recopila en un libro una serie de sermones de Hugh titulado Sermon Notes. 3 de abril de 1917, Estados Unidos declara la guerra a Alemania. 3 de marzo de 1918, Rusia firma el tratado de Brest-Litovsk. En mayo de 1918, R.J.J. Watt publica un libro sobre Hugh con el título Robert Hugh Benson, captain in God’s Army. 11 de noviembre de 1918, se firma el armisticio en el frente occidental. Desde ese momento, prácticamente hasta nuestros días no se ha publicado nada sobre él. He entreverado las últimas fechas importantes sobre Benson con algunas fechas significativas de la historia, para intentar mostrar que la muerte de Hugh coincidió con ese tremendo cambio de época que significó la Primera Guerra Mundial.

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The Lord of the World

La trama de esta novela escrita en 1907 se desarrolla en una fecha indeterminada alrededor del año 2000. El mundo se encuentra dividido en tres grandes bloques: Europa, América y Asia.
Ideológicamente reina una mezcla de masonería y socialismo que se abrió paso finales del siglo XIX y que poco a poco ha ido ganando prácticamente el mundo entero. Esta ideología retratada en el libro de Benson ha barrido prácticamente las demás, y se ha constituido en la única opción razonable para el hombre contemporáneo. Los comunistas, como suele llamar el autor a los adeptos a estas ideas, llegaron al poder en Gran Bretaña en 1917 y desde entonces no han tenido rival. Bajo su dirección el mundo ha progresado y se ha instaurado la paz en el planeta. Este era el gran logro de los comunistas: la paz en el mundo.
Como las demás cosmovisiones que habían entrado en contacto con la comunista, el catolicismo había sufrido fuertes pérdidas. La tradicionalmente católica España había dejado de ser tal y solamente quedaban grupitos aislados. Lo mismo sucedía en las demás naciones europeas con la excepción de Irlanda. La Iglesia Católica se resistía a la corriente comunista que buscaba la unidad de la humanidad sin un Dios trascendente y proclamando al hombre mismo como Dios.

Aunque durante la unificación italiana, Roma había sido sustraída al poder del Papa, más adelante el estado italiano firmó un tratado en el cual el Papa renunciaba a toda autoridad sobre Italia (iglesias incluidas) y a cambio se le daba Roma. La ciudad eterna se había convertido en un lugar ajeno a los avances tecnológicos y en refugio de las monarquías europeas, todas ellas exiliadas.
Para los comunistas, los católicos no eran más que una pobre gente cargada de supersticiones y que frenaba el desarrollo de la humanidad. Los personajes principales son: Oliver Brand, diputado inglés, adalid del comunismo, y su mujer Mabel Brand, sincera y fervorosa seguidora de las ideas comunistas; el padre Franklin, secretario del arzobispo de Westminster; y, por supuesto, Julian Felsenburgh, el enigmático americano que toma en sus manos las riendas del mundo.
En este marco empieza la trama de la novela con la preocupación de dos hombres. Oliver Brand, y con él todo el occidente, teme la escalada armamentística del Oriente. Se prevé una invasión. Aquello significaría la destrucción de Europa.
Por su parte el P. Franklin siente que cada vez se van más católicos del seno de la Iglesia para abrazar las nuevas ideas. Incluso el P. Francis, un joven sacerdote muy cercano a él, la abandona. La fe está muriendo, y el P. Franklin lo sabe. Él, como secretario del arzobispo de Westminster, tiene el encargo de enviar cada día un carta al Cardenal-Protector[1] de Inglaterra, que vive en Roma, informándole de la situación de los católicos en el país. Cuando la situación con respecto a Oriente parece pasar por el peor momento, en Londres se oye hablar lejanamente de un americano llamado Felsenburgh que recorre Asia entrevistándose con los líderes del imperio de Oriente. Nadie antes había oído hablar de él. Después de Moscú visita las grandes ciudades europeas donde es recibido como un héroe o como un semidiós. En Londres toda la población sale a las calles para ver a ese hombre genial que ha sido capaz de lograr la paz, porque gracias a él, Oriente ha dejado sus intenciones belicosas.
El P. Franklin pudo ver a Felsenburgh aquel día y se dio cuenta de que se parecía mucho a él. Ambos tenían un aspecto juvenil, con facciones casi idénticas y el pelo prematuramente blanco. Unos días antes, Mabel viajó a Londres y allí asistió al accidente de un volador[] y vio impresionada cómo un sacerdote católico (el P. Franklin) acudía para auxiliar espiritualmente a los heridos. Pero lo que más le impresionó fue ver que algunos le correspondían. No obstante, enseguida llegaron los agentes de la eutanasia y se encargaron de acabar rápidamente y sin dolor aquellas vidas. Para Mabel y los que vivían las nuevas ideas, las creencias católicas no eran más que supersticiones y el que creía en ellas era visto como una especie de enfermo a quien había que sacar de aquel estado.
De hecho esta forma de ver a los católicos fue degenerando. Las masas estaban hiperentusiasmadas por los logros de la humanidad en general y de Felsenburgh en particular, a quien abiertamente llamaban encarnación de la Humanidad. Porque el único dios era el hombre y Felsenburgh el primer producto perfecto de esta neuva humanidad consciente de su propia divinidad. Así que los católicos como creyentes en un Dios trascendente eran enemigos de la Humanidad. Se sucedieron una serie de persecuciones y revueltas callejeras en las que sacerdotes, obispos, religiosos y fieles fueron linchados.
Por aquel entonces Felsenburgh fue nombrado presidente de Europa y no tardaría en ser elegido unánimemente por las naciones presidente del mundo. El P. Franklin, por su parte, fue llamado a Roma. Otro sacerdote, el P. Blackmore, ocupó su puesto en Londres. Entre los católicos corrían comentarios enrarecidos y misteriosos sobre Felsenburgh. ¿Quién era este extraño personaje que se había adueñado del mundo? El P. Blackmore intuía cosas que no se atrevía a decir. En unos meses el Papa Juan nombró al P. Franklin Cardenal-Protector de Inglaterra. No tardaron en llegar noticias de que se iba a instaurar un nuevo culto al que se obligaba a asistir a todos los ciudadanos. En este culto de la Humanidad, había cuatro fiestas fundamentales: la Maternidad (navidad), la Vida (primavera), la Subsistencia (verano) y la Paternidad (otoño).
Estaba a punto de celebrarse la fiesta de la Paternidad, cuando llegó de improviso a Roma Mr. Filips, el ex-secretario de Oliver Brand. Cuando el P. Franklin todavía vivía en Londres, Mr. Filips le hizo llamar por encargo de la madre del diputado, para que la asistiera, porque se encontraba gravemente enferma. Oliver descubrió al P. Franklin en su casa y este hecho le valió el despido a Mr. Filips.
El ex-secretario del diputado sin ser católico se solidarizaba con la situación de la Iglesia por considerar que se la trataba injustamente. Además, las persecuciones que sufría la institución contradecían radicalmente las ideas que los líderes políticos predicaban. El P. Blackmore había enviado a Mr. Filips a Roma. Como consecuencia de esta visita, el Cardenal Franklin y Cardenal-Protector de Alemania partieron con un avión rumbo a Alemania, para luego dirigirse el cardenal Franklin a Londres. A la altura de suiza se encontraron con cientos de voladores que viajaban hacia el sur. Los dos cardenales no sabía lo que ocurría. En Londres, sin embargo, se supo casi inmediatamente por qué tantos voladores se dirigían hacia Italia. Los titulares decían: “Roma ha dejado de existir”. Mabel Brand cayó en una profunda depresión. Ella vio con sus propios ojos cómo sus conciudadanos habían asesinado salvajemente a un grupo de católicos. Aún podía ella justificar estos hechos, porque los cometía gente ignorante, pero lo de Roma fue ordenado por las autoridades, incluido su marido, que no se opuso. Pero, Oliver Brand logró animar a su esposa y ella se dirigió con sentimientos renovados a la liturgia de la Paternidad.
Mientras la ceremonia avanzaba lenta y solemne, Felsenburgh apareció por sorpresa. Y habló y, sin alabar la destrucción de Roma, la justificó. Pero Mabel cayó en un estado próximo al éxtasis y se olvidó de todas sus dudas. El magnetismo de Felsenburgh rozaba el límite de lo sobrenatural.
Muerto el Papa y prácticamente todos los cardenales, el cardenal Franklin fue elegido Papa y adoptó el nombre de Silvestre. Se fue a vivir de incógnito a Nazaret. Desde su pequeña casa se comunicaba con el cardenal de Damasco y éste con los otros 11 cardenales que en aquel momento había en la Iglesia.
Felsenburgh, como se ha dicho más arriba, fue nombrado presidente del mundo y todos daban por muerta a la Iglesia Católica. El final de novela está marcado por dos hechos muy importantes. El primero, el decreto de Felsenburgh de castigar con la pena de muerte a quien declarara creer en un Dios trascendente. Al tener noticias de este decreto, Mabel se suicidó, por no poder soportar esta injusticia. El suicidio (o eutanasia) tenía un marco legal en Inglaterra. Sólo había que solicitarlo, entrevistarse con un juez y pasar un período de ocho días de reflexión en un centro de acogida, después del cual, si todavía se quería, se aplicaba la eutanasia. El segundo hecho, fue el descubrimiento, gracias a la traición del cardenal de Moscú, de la existencia de un papa y su localización. Tanto Felsenburgh como el Papa Silvestre se movilizaron. El Papa mando llamar a todos lo cardenales a Nazaret. Esta pequeña ciudad se encuentra cercana a la llanura de Esdraelon, también llamada Harmagedón. El Presidente mundial visitó los diferentes parlamentos del mundo para que todas las naciones enviaran representantes a Nazaret para destruir definitivamente a la Iglesia Católica. El día que se sabía que llegarían Felsenburgh y “el resto del mundo”, el Papa celebró una misa del Espíritu Santo y luego expuso la Eucaristía en una custodia. Informó a los asistentes que él ya no creía en Dios por fe, sino por visión, porque le había visto y había recibido una revelación. Mientras cantaban himnos de adoración eucarística, Felsenburgh y el mundo se acercaban contra el vicario de Cristo y ese momento fue elegido por Dios para que los días de mundo tocaran a su fin. Lo cuenta Benson con estas lacónicas palabras: “Then this world passed, and the glory of it”3.

[1] Según Benson, el Papa había introducido esta figura en la organización eclesial. Toda provincia eclesiástica con una cierta importancia, además de tener el tradicional prelado en la provincia, contaba con un cardenal-protector en Roma que actuaba como intermediario directo entre la provincia y el Papa.
[2] Estos voladores son una especie de aviones, pero que se usan más como autobuses que como nosotros estamos acostumbrados. Estos curiosos aparatos mueven las alas al avanzar y pueden volar tan bajo por la ciudad que un transeúnte podría verle los ojos al conductor. Benson los llama volors, así que me ha parecido bien llamarles voladores.
[3] “Entonces pasó este mundo y con él su gloria” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 3).

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Lechos de muerte en Robert Hugh Benson

En primer lugar, supongo que es acertado echar un vistazo a lo que piensan las religiones en general sobre el hecho de la muerte, luego nos centraremos más en el cristianismo, para acabar en el anglicanismo y el catolicismo, las adscripciones religiosas de Robert Hugh Benson.

Cuando se hallan restos arqueológicos, una de las señales inequívocas de que pertenecieron a seres humanos es el hallazgo de vestigios de ritos funerarios. La muerte es la puerta a lo desconocido, y los difuntos son los que ya han partido a esos nuevos dominios. En este sentido es muy curioso el mote inglés para traducir el español “difunto”, que no es otro que “departed”, el que ha partido. Da la sensación de que la persona muerta ha marchado a un viaje que se adentra en una tierra inexplorada. En las culturas antiguas se intenta preparar de la mejor manera este paso de nuestra vida conocida a ese lugar misterioso. No es extraño que se encuentren las armas, los utensilios u objetos del difunto en sus tumbas. Seguramente disfrutaría de todos ellos en la otra vida, igual que lo hizo en esta. Es probable que una de las mayores sofisticaciones funerarias que se encuentran en la antigüedad, se diera en Egipto. Algunos faraones llegaron a ser enterrados con sus mujeres y sirivientes o se hicieron construir barcos, con los que zarparían al más allá. Todas las culturas han honrado de una u otra manera a sus difuntos, a aquellos que ya no están con los vivos, sino que han traspasado esa frontera de la muerte y se encuentran inmersos en el misterio.

Es un hecho que a lo largo de la historia ha existido esta percepción de que al otro lado de la muerte hay un mundo o estado desconocido, un “más allá”. No es el objeto de este artículo investigar cómo surgió esta percepción ni comprobar si es cierta. El hecho permanece. Existe también la conclusión fría de los materialistas, de los ateos y de algunos escépticos que afirman que la muerte es el final, que con la desintegración del cuerpo se acaba todo tipo de existencia. Aunque ha habido escépticos en todas las épocas, el hecho del ateísmo es más bien reciente, y supone sólo una excepción que confirma la regla de que en todos los tiempos, el hombre, equivocado o no, ha visto la muerte como la puerta a un tipo de existencia diferente.

{mospagebreak}Si nos acercamos más a la posición de Benson, nos hemos de introducir en la tradición monoteísta, más en concreto en el tronco judeocristiano. Aquí, al contrario que en ciertas religiones orientales, la muerte tiene un carácter definitivo. Se aleja, por tanto, de las teorías de la Metempsicosis o migración de las almas, o si se prefiere de la reencarnación. Platón mismo concebía un dualismo cuerpo – alma en el ser humano. El alma se encuentra como atrapada dentro del cuerpo. Al morir el cuerpo, el alma sigue viva y busca otro hombre en el que reencarnarse. Es famoso su mito del carro tirado por dos caballos, siendo el piloto el alma y el carruaje el cuerpo. Tanto en el hinduismo como en el budismo la muerte es el paso inmediatamente anterior de una reencarnación en otro ser vivo. El ciclo de la vida incluye la vida y la muerte de forma interminable, si el ser humano no consigue reunir unas ciertas condiciones que le permiten romper este ciclo y alcanzar la conciencia superior, la extinción o el nirvana. No ocurre así en el cristianismo en el que, como dice san Pablo: “ha sido establecido que el hombre viva una sola vida y muera una sola vez, y luego la eternidad”. La visión judeocrisitana de la muerte va muy ligada con la recepción de lo que la persona se ha merecido durante la vida. Es el momento que antecede al juicio de Dios. Para el cristiano la muerte es el punto de entrada a las verdades eternas: el juicio y posteriormente, la bienaventuranza eterna o la condenación eterna. La muerte es, por tanto, una embajadora de la verdad. Con ella se acerca el momento en el que no hay jueces sobornables ni lugar para el autoengaño. Tras ella se acaban las apariencias.

Sin duda por esto es tan importante para Benson examinar los lechos de muerte de personajes importantes. En esos momentos se enfrentan a todo aquello que pretendían esconder a su conciencia, porque saben que “más allá” no habrá remedio. Las falsedades de la vida se desmoronan, porque ante los se les viene encima, ya no hay manera de mantenerlas.

Analiza, por eso, con cuidado los lechos de muerte de Isabel, la reina buena y de María, la Sanguinaria. La primera disfrutó del éxito en la vida y ante la muerte parecía enloquecer y verse perseguida por fantasmas; la otra fracasó en su vida, pero ante la muerte no tenía nada que ocultar y la esperaba con paciencia y serenidad. Con este artículo Benson nos quiere decir una cosa muy clara: aparte de lo que hayan podido hacer en su vida, la verdad profunda de sus personas se manifestó en esos momentos clave previos a su fallecimiento. Lo demás puede engañar, porque no sabemos si actuaban sinceramente o no.

{mospagebreak}En “Come Rack! Come Rope!” también presenta a una reina, a María de Escocia, en los momentos que preceden a su ejecución. Destaca de modo especial su entereza y dignidad, así como la de todos los mártires que aparecen en la novela.

Estas narraciones y los relatos en general de los mártires cristianos de todos los tiempos tienen ese halo de heroicidad, pero también de demostración. El mártir muere con total enterza porque sabe que luego le espera el premio por este “castigo” injusto que recibe en la tierra. Se demuestra por los comportamientos valientes de estos hombres y mujeres que hay algo más después de la muerte, algo definitivo, y que el martirio supone el paso a lo mejor de ese algo que hay más allá.

Desde el punto de vista filosófico me parece interesante la visión del lecho de muerte como lugar fuerte de sinceridad existencial.

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Robert Hugh Benson y Pío Baroja

En el libro de Pío Baroja “El árbol de la ciencia” se muestra un interés imposible de esconder por la ciencia. Parece el mismo interés que alienta a Benson. No en vano el libro está publicado en 1911, el mismo año en que Benson escribió “The Dawn of All”.
¿Qué diferencia hay entre el entusiasmo científico de Benson y el “entusiasmo” científico de Pío Baroja?
Una cosa está clara desde el principio. Para Benson, la visión científica es vertical y optimista. La ciencia descubre misterios escondidos que Dios ha puesto en la naturaleza, mientras que Pío Baroja no ve más que una fuente de amargura, como un ideal de verdad inalcanzable y completamente separado del mundo de la vida. La ciencia es verdad, mientras que, para vivir, la verdad es un obstáculo. Quizá el más sabio es el que se crea su mundo ficticio y vive en él.
Benson ve en la ciencia la confirmación y corroboración de las creencias del cristianismo, sobre todo en lo que se refiere a las realidades sobrenaturales, mientras que Pío Baroja ve en la ciencia una destructora de creencias y credos

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¿Por qué una investigación filosófica sobre Robert Hugh Benson?

La lectura de “The Lord of the World” (“El amo del mundo”) me fascinó por la forma en que el autor manejaba históricamente las ideas, por el dramatismo tanto de ciertas escenas presentadas como del argumento, y por una intuición casi sobrehumana de lo invisible. En la cosmovisión de Robert Hugh Benson lo espiritual y lo material se tocan, se abrazan, se necesitan.

Me llamo Sergio y esta página web pretende ser un pequeño escaparate a la obra de Robert Hugh Benson. Actualmente estoy trabajando en una tesis doctoral sobre este autor. Si Dios quiere la presentaré en la facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona.

¿Por qué elegí Robert Hugh Benson para una investigación filosófica? La primera obra que leí de este escritor fue The Lord of the World. Al terminar el libro me di cuenta de que tenía ante mí, por supuesto, una novela, pero también una forma poco habitual de desarrollar ideas de calibre ideológico, filosófico y teológico. Esta misma sensación se repitió cuando leí The Dawn of All. Benson fabrica ideas desconocidas a partir de otras conocidas. Esto, se me podrá objetar, tiene un nombre: razonamiento. Correcto, un razonamiento consiste en que a partir de unas premisas conocidas, se deduce lógicamente una conclusión no conocida. Pero Benson no utiliza tanto las leyes de la lógica como la materialidad y las difusas normas del arte. Es como si nos creara el phantasma (siguiendo una terminología tomista) y el lector tuviera que acabar de perfilar el concepto.

Siempre he pensado que el arte, y sobre todo la literatura, es un vehículo excepcional para la comunicación de ideas de todo tipo, y muy especialmente las filosóficas. Los mitos de Platón son un gran ejemplo de ello, y los mismos diálogos. El arte tiene una profundidad diferente (y aun diría mayor) al concepto. La sugerencia, la alegoría y la descripción se ponene en el lugar de términos y deducciones. En el arte la profundidad es inversamente proporcional a la claridad, mientras que en la filosofía es directamente proporcional. Al leer estas novelas, me dio la impresión de que Benson fabrica un compuesto arte-idea equilibrado y altamente elaborado.

A partir de ahí, fue creciendo el interés y ya he podido llegar a algunas conclusiones que espero espero plasmar rigurosamente en la futura tesis. Una de ellas versa sobre su visión política y otra sobre lo espiritual, para decirlo de una forma rápida. También distingo en él una tendencia a la unión de fuerzas naturales, a la amalgama entre vida, ciencia y espíritu. Hasta el punto de hablar en cierta manera del poder epistemológico de la fe y del poder espiritual de la ciencia. Este tema me parece apasionante, lo trato ligeramente en el trabajo de investigación y espero explayarme en la tesis.

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La filosofía de la historia en “The Lord of the World”

Visiones de la Historia en la obra

a) Los católicos

Para un cristiano la historia es importantísima. De hecho se debe escribir con mayúsculas, la Historia es sagrada, porque es una Historia de Salvación. Los judíos tendieron en la Biblia a “historificar” en contraposición a “mitificar”, que era lo más corriente en las religiones coetáneas. La Biblia comienza con esta expresión: “Al principio creó Dios los cielos y la tierra”4. Aunque la narración de los siete días de la creación, del jardín del Edén y del árbol de la ciencia del bien y del mal, tiene todos los números para ser considerados relatos míticos, no se puede negar que están marcados por ese “al principio”. El acento fundamental de la narración es temporal, situado en una historia que acaba de comenzar con la creación del mundo. El Dios judío (y cristiano) es totalmente trascendente y libremente decide crear. El mundo, por tanto, comienza a ser de la nada. Con los entes materiales comienza el movimiento y con éste, el tiempo. El mismo catecismo de la Iglesia católica da a entender este carácter temporal: “La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada “en estado de vía” (“in statu viae”) hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección”5. En este mundo creado y destinado a una perfección, Dios coloca al hombre. Éste se rebela contra Él, desobedeciéndole, como narra el capítulo 3 del libro de Génesis. Por este motivo es expulsado del paraíso. A partir de este momento, sin embargo, empieza realmente la historia del hombre. Hasta este momento la Providencia se encargaba de que todo tendiera a su perfección, Dios actuaba directamente en los hechos. Con el pecado se dio una ruptura, una separación y ya no bastaba que Dios se preocupara de los hombres. Éstos dependían de sí mismos para seguir viviendo. Sin embargo, Dios puso en marcha un plan de Redención6. En el Antiguo Testamento elige un pueblo y lo prepara para la llegada de un Salvador que será capaz de cargar sobre sí (pagar) las culpas de los hombres. Estos hombres del pueblo elegido actúan a lo largo del tiempo y, por lo que a nosotros nos concierne, se va construyendo la historia del pueblo de Israel. La Biblia nos explica sus andanzas y avatares, pero basta echar un vistazo a estas narraciones para darse cuenta de que sus libros no consisten es un simple recuento de hechos. Allí se describe a un Dios empujando a un pueblo a una tierra prometida, desanimándose cuando los hombres se rebelan, enviando profetas para que hablen al pueblo en su nombre, etc. La Biblia es un testimonio de la acción de Dios en la Historia, aunque los protagonistas de esta historia no fueran conscientes de esta acción de Dios. Entonces, “en la plenitud de los tiempos”7, según el martirologio romano, llegó el Salvador. Y con Él empieza el cristianismo. Cristo es el centro de la Historia. Hay un antes y un después. Porque de todas las actuaciones de Dios en la Historia esta es la más grande: Dios se ha encarnado. Después de la muerte de Cristo, la Iglesia, la reunión de sus seguidores, espera su segunda venida. El Salvador ya ha sido enviado y ha dicho y hecho todo lo necesario para la Salvación de los hombres. La Historia en este momento se ha convertido en el lugar para perfeccionarse y merecer la Salvación. Pero la urgencia de esta segunda venida impulsa a los cristianos a la evangelización (además de que fue un mandato de Cristo), a convertir al cristianismo a todo el mundo. Durante estos dos mil años desde la venida de Cristo muchos han intentado descubrir la fecha de la segunda venida, del fin del mundo, pero sin éxito. Y es que el cristiano espera la consumación del tiempo. La Historia, por tanto, avanza hacia este final que significará el juicio universal y la instauración del Reino de Dios. El libro del Apocalipsis habla de la batalla de Harmagedón, donde la Bestia (el anticristo) con todos los reinos de la tierra será derrotada. Después llegará un período de mil años y una última lucha. Luego aparecerá la nueva Jerusalén, como imagen de la regeneración del mundo y de la humanidad8. Por eso, como hemos dicho al comienzo de este apartado, para un católico la historia es sagrada porque es la Historia de Dios conduciendo a la humanidad hacia la Salvación. Esta visión histórica rompe totalmente con la visión clásica. No solamente por su carácter sagrado, sino sobre todo porque la historia judeo-cristiana es lineal y progresiva y avanza hacia una consumación.

b) Los comunistas

En primer lugar intentemos aclarar qué es lo que entiende Robert Hugh Benson cuando habla de “los Comunistas”. No es un cometido fácil, ya que dentro de esta palabra el autor de “El Amo del Mundo” introduce una gran cantidad de conceptos e ideologías, que no coinciden al milímetro con la idea que tenemos actualmente del comunismo. Los comunistas de “El Amo del Mundo” son herederos de diferentes pensadores. Por su parte atea recogen ideas de Marx, Feuerbach y Proudhon; por sus ideas socialistas e internacionalistas dependen bastante de cierta tendencia anarquista del primer socialismo. En concreto, el prólogo del libro nombra a un ultrarrevolucionario y antimilitarista francés llamado Gustave Hervé, que según Benson fue el inspirador del “comunismo” que reinaría en los tiempos de “El Amo del Mundo”. Por la vertiente ritualista, a mi entender son herederos de Comte y de la masonería. En la novela sólo se nombran explícitamente a Hervé y Marx, mientras que la masonería se ha situado como una gran fuerza mundial, que ya no necesita de secretismo, porque la mayor parte de la humanidad pertenece a esta intrigante sociedad fundada en Londres en 1717. “En Inglaterra, las primeras alarmas graves se sintieron, en nuestro partido, al constituirse el Parlamento del Trabajo en 1917. Este hecho puso de manifiesto el asombroso incremento adquirido por el Herveísmo, que llegó a inficionar toda la atmósfera social. Sin duda el Socialismo existía con anterioridad a aquella fecha, pero nunca desplegó pujanza y poderío tan avasalladores como en los últimos años de Gustave Hervé”9. Dado que tan claramente habla Benson de este socialista francés dediquémosle unas líneas. Tengo que confesar que al leer este nombre en la novela, la primera idea que me vino a la cabeza fue la de comprobar si había existido realmente o si se trataba de un personaje inventado por Benson para que encarnara las ideas del libro. Imagino que debo pedir perdón por mi ignorancia, pero no fue fácil encontrar datos sobre este personaje. En internet encontré algunas pistas. G.D.H. Cole ni siquiera lo nombra en “Historia del Pensamiento Socialista”. En una página web sobre anarquismo lo calificaban como ultrarrevolucionario y antimilitarista. En un sitio web que parecía una verdadera enciclopedia del socialismo envié un correo electrónico pidiendo información sobre él y me contestaron que ni siquiera lo conocían. Me extrañó bastante, pero ahora, después de haberle conocido un poco, me resulta bastante lógico que se haya hecho el silencio sobre él dentro del socialismo. Gustave Hervé (1871-1944) fue militante de la CGT, y organizador de la revista La Guerre Sociale, adalid de la violencia revolucionaria y feroz antimilitarista. Bueno, al menos durante su primer período. Al parecer se trataba una persona extremista por naturaleza. Durante sus primeros años de activismo pretendió unificar la extrema izquierda y abogaba por una revolución social y odiaba la guerra. En 1906 fundó “La Guere Sociale”, una revista virulenta y antinacionalista. “El patriotismo según él era un resto de la barbarie”10. Sus artículos los solía firmar con el pseudónimo “Un Sans-Patrie”. Su anti-nacionalismo se ve reflejado en el libro de Benson en la tendencia de los “comunistas” a difuminar las fronteras hasta que el mundo se unifica bajo el mando de Julian Felsenburgh. Recordemos que “El Amo del Mundo” fue escrito en 1907. Es importante porque en 1914, cuando Francia se declaró en guerra Hervé se convirtió en un acérrimo militarista y nacionalista. Su revista empezará a llamarse “La Victoire” y funda en 1919 un partido de extrema derecha, el “Partido Nacional Socialista Francés”. Esta segunda etapa de Hervé, como se puede suponer, ya no nos interesa para nuestro trabajo. Además de esta corriente universalista o de tendencia a trascender las naciones, que en parte es inherente al socialismo, hay que recalcar las influencias de otros pensadores y situaciones de aquel período histórico. Universalistas son también los francmasones. Uno de sus objetivos consiste en unir la humanidad en fraternidad trascendiendo todo credo y raza. Un dato curioso sobre esta globalización en la novela es la creación en 1989 del “Libre Cambio Occidental”, una especie de Comunidad Económica Europea. Además el Esperanto se ha convertido en la lengua universal11. Aunque no se nombre en el libro, creo que vale la pena mencionar el Fabianismo. Esta sociedad oriunda de Inglaterra planteaba un socialismo no dogmático, que buscaba el progreso a través de la acción parlamentaria y democrática. Entre los miembros de esta sociedad encontramos al literato y activista Bernard Shaw. Esta corriente socialista moderada inglesa parece cercana a lo que se vive en “El Amo del Mundo”, donde el partido Laborista se adueña del poder y establece el socialismo de forma pacífica y a través de la victoria democrática. Un dato importante a tener en cuenta es un informe de la sociedad fabiana sobre la organización gubernamental de las personas en paro. Esta forma de clasificación de los parados, se asemeja bastante a la clasificación de los indigentes que Benson profetiza en el prólogo de su libro. En 1893 se funda el Partido Laborista Independiente, que puede ser considerado como un auténtico partido socialista. A pesar de que Marx residía en Londres, los socialistas ingleses le hicieron poco caso y no aceptaron fácilmente el dogmatismo del alemán. Los socialistas ingleses pretendían que poco a poco se comunalizaran las fábricas y discutían si tenían que ser controladas por las comunidades locales o por el gobierno. Nunca se debían expropiar las propiedades. Las empresas públicas pagarían mejor y producirían mejores productos con lo cual los trabajadores más capacitados emigrarían a las empresas públicas y las privadas tendrían que ir cerrando poco a poco. Al parecer algo así sucede en la novela. Benson establece que los Laboristas alcanzan el poder en 1917 y en 1960 las empresas ya son públicas. Se aprueba la ley de las Industrias Necesarias con la que se nacionalizan incluso las profesiones y todo el mundo cobra sus salarios directamente del gobierno. “Por otra parte, el Bill de las Industrias necesarias se imponía inevitablemente; y así lo había comprendido el pueblo, desde que los ferrocarriles entraron en poder de los municipios. Durante algún tiempo, aquello fue una verdadera explosión de ingeniosos arbitrios, porque los Individualistas capaces iniciaron la explotación de algún negocio […] pero no tardó en comprenderse la ventaja de obtener un empleo del Gobierno. Bien miradas las cosas, el seis por ciento, beneficio límite de toda empresa individual, constituía una ganancia poco halagüeña; y el Gobierno pagaba bien”12. A este socialismo moderado inglés que fue el que Benson conoció, hay que sumarle el talante ateo de los “comunistas” de la novela que parece casi calcado de Proudhon. El comunismo, como se ha desarrollado realmente (lo hemos visto en el bloque de Europa del Este y en otros países como China), ha resultado agresivamente antirreligioso. El primer socialismo inglés no tenía este carácter. Muchos socialistas eran cristianos. Pero Proudhon, como los comunistas de “El Amo del Mundo” consideraban que el hombre debía sustituir a Dios, y la fe en la Providencia13 debía ser suplantada por la creencia en el progreso humano. Así ve que el ateísmo humanitario es la última etapa de la liberación moral e intelectual, “porque el Dios cristiano priva al hombre de su fuerza creativa y de su previsión”14. Los comunistas de la novela están enzarzados, primero con timidez y luego abiertamente, en la lucha contra los que creen en un Dios trascendente. Y esto se debe a que “es la única fuerza capaz de detener el verdadero progreso del hombre”15. De Marx simplemente se dice que en 1985 se implantó su doctrina. Aunque el ateísmo que reina en la obra bien lo hubiera compartido. Él habló de la religión como opio del pueblo, que viene a ser lo mismo que el obstáculo de que habla Proudhon. Sin embargo, también se ven notas de su pensamiento en la obra. Mientras que Hegel filosofizó la historia, Marx materializó la filosofía y, en cuanto “heredero” de Hegel, también la Historia. Así, el mal consiste en no querer avanzar con lo que la Historia exige, es decir, un mundo nuevo por un hombre nuevo, el hombre comunista, que es el proletario. Y el instrumento para este fin es la revolución mundial. Hay en la novela un sentimiento globalizado de que un mundo nuevo está por nacer y de que cualquier cosa que se le oponga debe ser eliminada. La Iglesia Católica, con su creencia en un Dios trascendente constituye un obstáculo, por tanto es el Mal. Los protagonistas de la novela actúan en consecuencia persiguiéndola. Feuerbach redujo la teología a antropología. En “El Amo del Mundo”, los “comunistas” han dado un paso más: han arrebatado la divinidad a Dios para dársela al hombre. De aquí surgen una serie de consecuencias que hoy en día podrían resultar un poco extrañas y dan la impresión de que la narración de Benson es poco creíble. En el nuevo orden mundial se organiza una especie de religión en la que se exalta y adora a la Humanidad. Hay cuatro servicios litúrgicos fundamentales durante el año y los ciudadanos están obligados a asistir. Como digo, ahora nos puede parecer extraño, pero recordemos que el mismo Comte ideó “una doctrina positiva de fe en la Humanidad”16. “Todo aspecto del progreso convergirá hacia el Ser Supremo, la Humanidad, que sustituirá enteramente la concepción provisional de Dios. Para favorecer el establecimiento de este reino relativo de Dios sobre la tierra, Comte transpuso la teología en sociología, la teocracia en sociocracia, consagrando así religiosamente la ciencia política. […] Con la inclusión de una nueva bandera, nuevo calendario, festivales, culto a los nuevos santos positivistas y nuevas iglesias. Por un tiempo, sin embargo, la religión de ha Humanidad utilizaría las iglesias cristianas, cuando estas fueran quedando vacantes. […] En una carta de 1851, Comte va tan lejos como para afirmar y predecir que antes de 1860 predicaría él mismo el Evangelio del positivismo –“la sola religión completa y real”-, ¡en Notre Dame!”17. Si a este paso del ateísmo a la religión de la Humanidad, que de por sí es posible, le añadimos la grandísima influencia de la masonería con su ritualismo en el establecimiento del nuevo orden, tendremos una religión apasionada, por su novedad, y ceremoniosa, por su organización al detalle. La masonería es una asociación secreta basada en los gremios medievales de franc-maçons o albañiles libres, dedicados a la construcción de catedrales. Un halo de misterio envuelve todavía a esta sociedad. Se dice que los masones operativos, los verdaderos constructores fueron disminuyendo de las logias, mientras que los especulativos, gente ávida de misterismo, crecieron hasta que en 1717, habiendo desaparecido los miembros operativos, en Londres se fundó la primera Logia exclusivamente especulativa. Aunque la masonería, por su carácter relativista, es un fruto de la modernidad, posee un carga mistérica, mítica y esotérica muy considerable. Una de las leyendas más importantes es la de Christian Rosenkreutz. Esta leyenda fue creada y alimentada por tres libros18 publicados a inicios del siglo XVII, según la cual existiría un “núcleo secreto” que está detrás de las diferentes religiones y las unifica. Esto ya se conocía desde la Edad Media en una cofradía de iniciados fundada por Christian Rosenkreutz (Cristian Rosacruz). Su tumba escondida en los bosques alemanes albergaba la clave de este secreto. Este es un tema sumamente importante en la masonería, porque esta idea religiosa también tiene su traducción social y política. La Masonería pretende la fraternidad universal en todos los sentidos. Felsenburgh lo consigue y establece una religión que pretende ser la religión escondida y única verdadera. La masonería es sumamente ritualista y posee una liturgia propia. La institución de la religión de la humanidad en “El Amo del Mundo” con toda su parafernalia no es ajena a esta sociedad secreta. Además tanto la masonería como los comunistas guiados por Felsenburgh pretenden la fraternidad universal y la construcción, como no, de una nueva humanidad. “De una forma simbólica se hace constar que en adelante ya no será la catedral un templo de piedra a construir, sino que el edificio que habrá que levantar en honor y gloria del Gran Arquitecto del Universo será la catedral del universo, es decir, la misma humanidad. El trabajo sobre la piedra bruta destinada a convertirse en cúbica, es decir, perfecta y apta a las exigencias constructivas será el hombre, quien habrá de irse puliendo en contacto con sus semejantes. Cada útil o herramienta de los picapedreros recibirá un sentido simbólico: la escuadra para regular las acciones; el compás para mantenerse en los límites con todos los hombres, especialmente con los hermanos masones. El delantal, símbolo del trabajo, que con su blancura indica el candor de las costumbres y la igualdad; los guantes blancos que recuerdan al francmasón que no debe jamás mancharse las manos con la iniquidad; finalmente la Biblia, para regular y gobernar la fe”19. La Humanidad es sagrada según las ideas de “los comunistas” de la novela. Y ésta ha dado un fruto perfecto, que no puede ser otro que Julian Felsenburgh. “Por último, el escritor pretendía demostrar como a este Hombre por excelencia correspondían todos los títulos, prodigados anteriormente a Seres Supremos, del todo imaginarios. Tales denominaciones no habían aparecido en los dominios del pensamiento, sino como elaboración inconsciente y preparatoria del prototipo a quien con entera verdad deberían aplicarse”20. Felsenburgh es el superhombre que Nietzsche vio que nacería y estaría por encima de los demás hombres en todos los sentidos. “En el maravilloso superhombre […] las palabras, hijas de la tierra, se unen en apretado e indisoluble maridaje con los hechos, verdaderos hijos del cielo, siendo Felsenburgh el producto natural de esa unión”21. También se habla de Felsenburgh como el Hombre Mismo, como una especie de arquetipo platónico. “Él había hablado a los hombres; ahora era el Hombre Mismo quien hablaba”22. Toda esta mezcla de ideas destila una visión histórica bastante obvia. En primer lugar se trata de una visión progresiva y lineal, como la católica. Aquí, sin embargo, no hay un Dios actuando mediante su Providencia. La trascendencia no existe. La humanidad progresa a base de sacar de en medio obstáculos que se lo impiden. Según los “comunistas” la creencia en un Dios trascendente supone un obstáculo para el progreso. Deshacerse de esta creencia sería un paso inevitable para que la humanidad siga adelante. Las barbaridades llevadas a cabo por los “comunistas” se justifican fácilmente por esta concepción histórica. Sin estas acciones cruentas, no se puede progresar. El lastre del antiguo orden todavía no está superado: la humanidad está convaleciente23. Pero esta nueva barbarie difiere de la antigua: “Hay algo mejor: el conocimiento de los crímenes de los cuales el hombre es capaz todavía, y la voluntad de usar ese conocimiento”24. Por si fuera poco, “el exterminio constituía, aun en la edad nueva, un cauterio necesario para las dolencia de la Humanidad. ‘Únicamente’ –añadía- ‘ conviene tener en cuenta que semejante remedio debe ser empleado deliberadamente y no por el placer de la venganza’”25. El progreso también marca el cambio de moral: “El mundo en la actualidad es uno y no múltiple. El individualismo ha muerto, al ser elevado Felsenburgh a la Presidencia suprema y universal. Seguramente no dejas de ver claro que la situación en la que hemos entrado es absolutamente nueva y sin semejante en ninguna época. Tú lo comprendes, tan bien como yo. […] Ahora los acontecimientos han impuesto una moral nueva; estamos con toda exactitud en el caso de un niño que llega a al uso de la razón; y, por lo tanto, debemos velar a fin de que el progreso continúe avanzando sin obstáculos ni retrocesos; tenemos obligación de no escatimar medio alguno para que los miembros todos del organismo social gocen de buena salud. ‘Si tu mano te escandaliza, córtatela’ […] Si un hombre dice eso [que cree en Dios], comete el peor de los crímenes: es alta traición”26 Y esta traición consiste exactamente en que “los cristianos dirigían su homenaje a un supuesto ser sobrenatural que no sólo se proclamaba fuera del mundo, sino que positivamente lo trascendía”27. El progreso de la Humanidad es el altar por el que cada uno de los hombres debe sacrificarse. El progreso es terreno, fiel a la tierra, como diría Nietzsche. Y así este progreso es visto como algo natural, incluso biológico. En la página 232 de la novela se habla de Felsenburgh como el que ha introducido en los asuntos humanos las leyes de la selección natural y de la inmoralidad del perdón. Así es como el hombre progresa. Por todo lo dicho, la siguiente cita resulta lógica: “El cristianismo se extinguía en Europa, como una puesta del Sol tras oscuros picos; Roma eterna era un montón de ruinas; en Oriente y Occidente un hombre había sido puesto en el trono de Dios, había sido aclamado como divino. El mundo había dado un salto adelante. La ciencia social era suprema; los hombres habían aprendido a ser coherentes”28. c) Comparación de ambas visiones Una nota característica que salta a la vista de ambas visiones es la existencia de una fe. Tanto los cristianos como los “comunistas” creen en el progreso y en un objetivo de la Historia. Felsenburgh y compañía progresan material y socialmente hacia la fraternidad universal, la paz mundial, la consecución de un estado mundial de bienestar para todos. El progreso en el que cree el cristiano no tiene por qué coincidir con el progreso material o externo. Lo que progresa no tiene por qué ser el ser humano material. Progresa la Historia hacia un fin fundamentalmente espiritual que rompe las fronteras del mundo material. El cristiano vive con la mente en la otra vida y es consciente de que en este mundo está de paso. En la Historia la humanidad camina hacia el reencuentro con Dios, la segunda venida de Cristo, la Parusía, el juicio final; hacia la instauración del Reino de Dios. El cristianismo, no obstante, a ejemplo de Cristo, desde el principio se ha involucrado en los asuntos terrenos y ha procurado aliviar el dolor de los pobres, enfermos y oprimidos. En los últimos tiempos, la Iglesia Católica ha desarrollado una doctrina social, con la que marca patrones de comportamiento para los católicos en el ámbito social. Es verdad que los cristianos participan de la historia terrenal, pero no es menos verdad que ésta es para ellos secundaria, porque lo que importa realmente es la vida eterna. La visión “comunista” no deja de ser una kénosis de este Reino. Esta es la tesis de Karl Löwith en el libro “El sentido de la Historia”. Las visiones progresistas de la Historia dependen directamente de la visión cristiana, y son secularizaciones de ésta. Sobre Marx, por ejemplo, escribe: “El manifiesto comunista es de importancia científica en su contendio, escatológico en su marco y profético en su actitud”29. Löwith defiende que la doctrina de Marx es dogmática y mesiánica. “El antagonismo último entre los dos campos hostiles de la burguesía y del proletariado corresponde a la creencia cristiana y judía en una lucha final, en la última época de la Historia, entre Cristo y el Anticristo; que la misión del proletariado corresponda a la misión redentora y la universal de la clase más degradada se conciba en el patrón religioso de Cruz y Resurrección; que la transformación última del reinado de la necesidad de uno de libertad corresponda a la transformación de la civitas terrena en una civitas Dei; y que el entero proceso de la Historia, según se esboza en el Manifiesto Comunista, corresponda al esquema general de la interpretación judeocristiana de la Historia como un providencial avance hacia una meta final llena de significado. El materialismo histórico es esencialmente, aunque de una forma secreta, una historia de perfección y de salvación en términos de economía social.[…] Está inspirado por una fe escatológica, que, a su vez, determina el alcance y el contenido totales de todas sus afirmaciones particulares. En verdad hubiera sido casi imposible elaborar la visión de la vocación mesiánica del proletariado sobre una base puramente científica, e inspirara millones de seguidores, mediante un mero relato de hechos”30. Pero, si en el fondo son lo mismo, ¿cómo es que estas visiones en sus consecuencias prácticas son tan divergentes e incluso antogónicas? La respuesta la obtendremos al contestar a esta otra pregunta: ¿Quién es el gestor principal de la Historia? Para un “comunista” la Historia es el lugar en donde se lucha por el perfeccionamiento de la humanidad. Para un cristiano la Historia es el lugar donde Dios lucha por el perfeccionamiento del hombre. La libertad humana adquiere un significado totalmente diferente en cada caso, y la libertad es un tema crítico en el mundo de la vida, por no decir el Tema del mundo de la vida.

Visión histórica de Robert Hugh Benson

a) Benson como católico: El fin del mundo

En la fe cristiana el mundo tiene un principio y tendrá un fin. Benson nos narra en su novela los acontecimientos previos al final y lo hecho procurando hacer coincidir una serie de sucesos sumamente simbólicos. Al final de los tiempos solamente hay doce cardenales y el papa. Esta es una alusión descarada a la situación de fundación del cristianismo con Jesús de Nazareth y los doce apóstoles. Además el Papa tiene su residencia en la mismísima ciudad de Nazareth, donde todo comenzó. Uno de los doce cardenales, Dolgorovski traiciona al Papa, en claro paralelismo a la traición de Judas. Felsenburgh reúne a todas las naciones contra el Vicario de Cristo y se concentran en la llanura de Harmagedón31. Felsenburgh a estas alturas del libro es retratado como el Anticristo32. La ascensión al poder de este hombre corre paralela con el adueñamiento de la tierra de la Bestia de que habla el Apocalipsis. En este fin de la Historia sucede un hecho extraordinario y es que la Iglesia ha durado hasta el final. “Las puertas de infierno no han prevalecido”33. Esta promesa de Cristo se ha cumplido. Roma, la llamada ciudad eterna, ha perecido, pero ella era considerada tal por el hecho de albergar al Vicario de Cristo, cuya Iglesia ha de durar mientras dure el mundo. Por tanto, el encuadramiento del fin del mundo de “El Amo del Mundo” intenta ajustarse a textos bíblicos y a situaciones simbólicamente muy cargadas para las creencias cristianas. Benson es fiel a su cristianismo en la novela, aunque ha jugado con las situaciones accidentales. Digamos que ha novelado el final de los tiempos.

b) Historia como juez: la crítica empírica

En este apartado nos adentramos en el porqué de esta obra de este converso inglés. Sin duda pretendía criticar ciertas situaciones e ideologías que empezaban a pulular por la Inglaterra de finales del s. XIX y principios del s. XX. El desglosamiento ideológico que se ha pretendido, con más o menos fortuna, en el apartado de la visión histórica de los “comunistas” podría resumirse para Benson con la expresión “Humanismo Ateo”, “Humanismo Inmanente” o algo parecido. Benson ha ideado una forma de expresar sus reservas con respecto a este humanismo. Podría haber escrito un ensayo en el que hubiera analizado y desglosado los axiomas y proposiciones de esta corriente y hubiera intentado refutarlas una por una. Construiría una obra seguramente densa, apta principalmente para filósofos, eruditos y personas enormemente interesadas en el tema. La crítica sería intelectual y difícil. Sin embargo, una novela llega a más gente. La crítica es existencial y, aunque las ideas nunca acaban de explicitarse y aclararse del todo, entra más en juego la intuición. En nuestro día a día estamos rodeados de ideologías, de formas de pensar, pero no necesitamos analizarlas en cada momento. Simplemente las vivimos y podemos intuir que hay algún tipo de ideología detrás, aunque nunca lleguemos a formularla conceptualmente. Benson se dirige al ciudadano vital más que intelectual, por eso se ha decidido por este tipo de crítica novelada. Según aquella famosa máxima de Cicerón “Historia Magistra Vitae” o la frase del evangelio “por sus frutos los conoceréis”, cabría esperar que la historia pasara para juzgar una situación histórica concreta. Benson se adelanta y desarrolla él mismo las ideas de este Humanismo Inmanente en la historia. Además le da una situación privilegiada, ya que le otorga hegemonía mundial. La ha convertido en la cultura dominante. Una vez que una cultura ha alcanzado este punto, se puede ver qué tipo de sociedad produce. Además, en una situación hegemónica no se le podrán achacar sus errores y deficiencias a ninguna otra ideología. Mabel, la esposa del joven diputado Oliver Brand, es un personaje clarividente que da muchas claves para la interpretación de esta novela. Ella es una mujer del nuevo régimen. Su alma está entregada a su marido y a la nueva humanidad. De su corazón fluyen deseos de paz, de hermandad universal. Anhela una nueva religión, la religión de la Humanidad, la única verdadera, de la cual las religiones tradicionales no eran más que prefiguraciones. Parece un producto modélico del Humanismo Inmanente. Pero, cuando la gente lincha a los católicos y Roma es destruida, se da cuenta de que esta nueva Humanidad no es tan buena y que está cayendo en los mismos desvaríos que la antigua. Mientras eran los tumultos callejeros los que se encargaban de perseguir a los católicos, su marido Oliver podía convencerla diciéndole que las masas tenían que madurar todavía, porque se encontraban convalecientes de la antigua barbarie. Pero llega el momento de la persecución oficial. Los mandatarios condenan a muerte a todo aquel que crea en un Dios trascendente. Mabel no puede soportar que oficialmente, la nueva Humanidad, pretenda matar a personas por creer en una superstición. Oliver intenta convencerla argumentándole que la Humanidad y el progreso exige extirpar estos miembros infectados con la creencia en un Dios trascendente. Todo debe ser hecho por la humanidad. Pero ella le contesta que no puede vivir por la humanidad. Viviría por un bebé, pero no por la humanidad34. El Humanismo Inmanente, según Benson, es totalitario e incoherente. Totalitario, en este sentido sí coincide con el comunismo que nosotros conocemos y que se desmoronó en la década de los 90. Sólo existe una forma de pensar aceptable y si no la sigues, debes ser purgado de la Humanidad porque constituyes un obstáculo al progreso humano. La incoherencia está en que caen en la misma barbarie que decía combatir al procurar la eliminación de los opositores. Pero, ¿quién marca lo que la Humanidad debe ser y lo que el progreso debe alcanzar? Mabel lo ha visto claro. La Humanidad no es un ente que puede exigir que partes suyas sean eliminadas. La Humanidad no es más que el conjunto de los humanos. Por eso, es más importante un bebé, que el concepto de humanidad.

c) Historia absoluta e historia relativa: la crítica a la luz de la fe

Además de esta crítica empírica o más filosófica, Benson se adentra en otro tipo argumentación a la luz de la fe cristiana. Con el pecado de Adán y Eva, la Historia se desdobla: la historia terrenal y la historia divina. La historia divina es la que hemos visto en el apartado de la visión histórica de los católicos: la Historia de la Salvación. Mientras que la Historia terrenal consta de los avatares y andanzas de nosotros humanos sobre la Tierra. Es la historia de las civilizaciones, de los reyes, de las guerras, de las conquistas y de los períodos de paz. Estas dos historias conviven a lo largo del tiempo hasta que en la segunda venida de Cristo, “la gloria de este mundo pasa”35 y sólo queda una historia, la divina. Así Benson quiere dar a entender que la verdadera historia es la Historia de la Salvación, mientras que la Historia empírica tiene sólo un papel secundario. Y la visión inmanente de la historia no es más que otro instrumento para que la verdadera Historia se desarrolle. Benson con su libro intenta decir que realmente Dios es quien lleva la historia y todo se convierte en instrumento suyo, incluso lo opuesto a Él.

Conclusión

a) Libro Apologético: ¿Prejuicio que mancha sus argumentos?

Mientras leía el libro me ha dado la impresión de que algunas de las situaciones resultaban en un primer momento un tanto increíbles. Da la impresión de que Benson está provocando situaciones en las que muy fácilmente se deducirá una crítica que fortalecerá sus ideas apologéticas. Parece que su afán de defender la religión católica le ofusca y conduce los acontecimientos históricos a donde más conviene para que el catolicismo quede bien parado, mejor aún, quede en la mente del lector mejor que cuando empezó a leer el libro. Esto significaría que el desarrollo histórico mostrado sería inconsistente. Pero después de haber realizado el pequeño análisis mostrado en este trabajo, esta afirmación es verdadera sólo parcialmente. Obviamente se trata de un libro que defiende el catolicismo frente a unas ideas que él consideraba nocivas. No hay duda. La historia, sin embargo, tal como la desarrolla Benson, no es incoherente. Es exagerada, como se verá en el siguiente apartado, pero no incoherente. Por ejemplo, uno de los hechos que narra Benson y que al principio me ha chocado y me ha parecido una intromisión de su apología cristiana, han sido las persecuciones. ¿Cómo es posible que una sociedad tan civilizada y pacífica acabara persiguiendo a los creyentes en un Dios trascendente? En la teoría no es coherente, pero en la práctica, hemos podido constatar que de hecho así ha sucedido. Tal es el caso de los países ex-comunistas. Por otro lado, la tendencia de nuestro mundo es la globalización. Al comienzo de la novela, el mundo se encuentra dividido en tres bloques: Europa, Oriente y América. Casi coincide con los tres bloques comerciales y económicos actuales: La Unión Europea, Japón y el Nafta (Canadá, Estados Unidos y México). El mundo tiende a la globalización. Europa ya posee un parlamento. El comunismo tendía a extenderse por todo el mundo… Creo que Benson no ha sido incoherente en su desarrollo histórico de ficción, sino simplemente exagerado.

b) El valor de la hipérbole: Claridad versus realidad

Por el pequeño añálisis realizado sobre las ideologías que Benson critica, he visto que es bastante fiel a sus enseñanzas, pero las exagera y las desarrolla históricamente hasta que se presentan en estado puro. Cuántas veces hemos oído en clase o en una conferencia aquello de “esto sólo es posible separarlo conceptualmente, porque en la realidad siempre se da unido”. Algo así pasa con la hipérbole. La hipérbole en literatura es equivalente a la exposición sistemática o a la definición en un ensayo, clase o conferencia. Cuando se exagera una situación, un personaje o un ambiente, se pretende, en primer lugar, ponerla de manifiesto, porque si no, no se destacaría de las demás realidades. En segundo lugar, se quiere que aparezca en un estado puro, sin influencias que pudieran distraer. La situación que el escritor ha situado en este estado hiperbólico, se encuentra como bajo una lupa para el lector. Es como un concepto claro al que se ha llegado después de una razonamiento. El concepto no es la realidad, como la hipérbole tampoco lo es.

c) Valor de la Crítica de Benson: ¿Crítica o autoafirmación?

Por todo lo dicho considero valiosa la crítica que Robert Hugh Benson hace al socialismo que empezaba a surgir en su Inglaterra natal. No porque se trate de un libro apologético se pueden desechar su ideas. Cada uno piensa desde lo que es. Jorge Luis Borges escribió un cuento titulado “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” en el que su hipérbole explicativa va mucho más allá que la de Benson. En este relato, el escritor argentino crea un mundo en el que no existen sustancias y, por tanto, el lenguaje no posee sustantivos. Sólo hay fenómenos y la gente se comunica a base de verbos y colores. Si no es censurable Borges, porque crear un mundo irreal, tampoco lo es Benson, por desarrollar históricamente una ideología.

Bibliografía

Robert Hugh Benson, “The Lord of the World”

Roberto Hugo Benson, “El Amo del Mundo”

Karl Löwith, “El sentido de la Historia. Implicaciones teológicas de la filosofía de la historia”, Agilar, Madrid 1968.

J.A. Ferrer Benimeli, Masonería, Iglesia e Ilustración, Fundación Universitaria Española, Madrid 1982

G.D.H. Cole, Historia del pensamiento socialista, II y III, Fondo de Cultura Económica, México, D.F. 1959.

NOTAS

1 Según Benson, el Papa había introducido esta figura en la organización eclesial. Toda provincia eclesiástica con una cierta importancia, además de tener el tradicional prelado en la provincia, contaba con un cardenal-protector en Roma que actuaba como intermediario directo entre la provincia y el Papa.
2 Estos voladores son una especie de aviones, pero que se usan más como autobuses que como nosotros estamos acostumbrados. Estos curiosos aparatos mueven las alas al avanzar y pueden volar tan bajo por la ciudad que un transeúnte podría verle los ojos al conductor. Benson los llama volors, así que me ha parecido bien llamarles voladores.
3 “Entonces pasó este mundo y con él su gloria” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 322).
4 Gen 1,1.
5 Catecismo de la Iglesia Católica, 302.
6 Redención proviene del latín Re- (prefijo de reiteración o que significa volver a…) y emo (comprar). La palabra redención se aplicaba a la recuperación de los cautivos cristianos que se encontraban en cárceles musulmanas. El diccionario de la Real Academia define así la palabra Redimir: Rescatar con precio; recuperar un cosa que se había vendido, poseído o tenido.
7 Lucas se esfuerza por encuadrar históricamente el nacimiento de Jesús: “Aconteció , pues, en los días aquellos que salió un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. Este empadronamiento primero tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria” (Lc 2,1-2). Mateo, en cambio, establece la genealogía de Jesús y Juan, por su parte, escribe una frase revolucionaria sobre él: “El Verbo se hizo carne” (? ????? ???? ???????) (Jn 1,14). Aquel Lógos de los antiguos griegos, sentido intemporal del Kósmos, se ha hecho materia, es decir, temporal: se ha hecho Historia.
8 Cfr. Ap 19-21
9 “In England our party was first seriously alarmed at the Labour Party Parliament of 1917. That showed how deeply Hervéism had impregnated the whole social atmosphere. There had been Socialists before, but none like Gustave Hervé” (R.H. BENSON, The Lord of the World, The Prologue, x). Las traducciones del libro están sacadas de la edición de “El amo del mundo” traducido por Juan Mateos y editada por Gustavo Gilí editores en Barcelona en 1909.
10 “Patriotism, he said, was a relic of barbarism” (R.H. BENSON, The Lord of the World, The Prologue, xi).
11 También es curioso que la única página web que he encontrado en internet donde se te ofrecen textos tanto en esperanto como en inglés o en castellano sea anarquista. http://melior.univ-montp3.fr/ra_forum/
12 “Well, the Necessary Trades Bill was inevitable: people had begun to see that even so far back as the time when the reailways were munipalised. For a while there was a burst of art; because all the Individualists who could went in for it […]; but the soon drifted back into Government employment; after all, the six-percent limit for all individual enterprise was not much of a temptation; and Government paid well” (R.H.BENSON, The Lord of the World, Prologue, xiii)
13 Proudhon consideraba que la providencia no era más que: “El instinto colectivo o razón universal del hombre en cuanto ser social” (K. LÖWITH, El sentido de la Historia, 93)
14 K. LÖWITH, El sentido de la Historia, 93
15 “[Christianity] is yet the one and only force capable of withstanding the true progress of man” (R.H.BENSON, The Lord of the World, 299).
16 K. LÖWITH, El sentido de la Historia, 133.
17 K. LÖWITH, El sentido de la Historia, 132.
18 Fama Fraternitatis (1614), Confessio (1615), Bodas químicas de Christian Rosenkreutz (1616).
19 J.A. FERRER BENIMELI, Masonería, Iglesia e Ilustración, 55.
20 “Finally the writer showed how to this man belonged properly all those titles hitherto lavished upon imagined Supreme Beings. It was in preparation of him that these types came into the realms of thought and influenced men’s lives” (R.H.BENSON, The Lord of the World, 232)
21 “Words, the daughters of earth, were wedded in this man [Felsenburgh] to facts, the sons of heaven, and superman was their offspring” (R.H.BENSON, The Lord of the World, 230)
22 “Yet he had spoken to men; now it was Man Himself speaking” (R.H.BENSON, The Lord of the World, 225). Me he permitido la libertad de traducir yo mismo este texto, dado que la traducción de Juan Mateos no me parece correcta.
23 “’My darling’, he said, ‘ men are not changed in an instant. What if those Christians had succeeded!… I condemn it all as strongly as you. I saw a couple of newspapers this afternoon that are as wicked as anything that the Christians have ever done […] We are all human, we are all immature ” (R.H.BENSON, The Lord of the World, 208-209).
24 “There was something better [than savagery] – the knowledge of what crimes man was yet capable of, and the will to use that knowledge” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 226)
25 “Extermination as an instrument that even now might be judicially used in the service of humanity. Only it must be used with deliberation, not with passion” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 231). Traducción bastante libre de Juan Mateos.
26 “The world is one now, not many. Individualismo is dead. It died when Felsenburgh became President of the world. You surely see that absolutely new conditions pravail now- there has never been anything like it before […] There is a new morality; it is exactly like a child coming to the age of reason. We are obliged, therefore, to see that this continues – that there is no going back –no mortifications – that all the limbs are in good health. ‘If thy hand offend thee, cut it off’ […] For one even to say so [to believe in God] is the very worst crime conceivable: it is high treason” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 266-267).
27 “Christians directed their homage to a supposed supernatural Being who was not only –so that claimed- outside of the world, but positively transcended it (R.H. BENSON, The Lord of the World, 264)
28 “Christianity had smouldered away from Europe like a sunset on darkening peaks; Eternal Rome was a heap of ruins; in East and West alike a man had been set upon the throne of God, had been acclaimed as divine. The world had leaped forward; social science was supreme; men had learned consistency” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 235) Me he permitido traducir yo mismo esta cita y prescindir de la traducción de Juan Mateos, por tomarse éste demasiadas licencias y, según mi parecer, cambiar el sentido de lo que escribió el autor.
29 K. LÖWITH, El sentido de la Historia, 60.
30 K. LÖWITH, El sentido de la Historia, 68-69.
31 “¿Por qué se amotinan las gentes y trazan los pueblos planes vanos? Se reúnen los reyes de la Tierra, y a uno se confabulan los príncipes contra Yavé y contra su Ungido” (Sal 2,1-2). “Y vi a la Bestia, y a los reyes de la tierra, y a sus ejércitos reunidos para hacer la guerra al que montaba el caballo y a su ejército” (Apo 19,19).
32 Cfr. R.H. BENSON, The Lord of the World, 321.
33 Cfr. Mt 16,18.
34 “If we had had a child, it might have been different. I might have liked to go on living for his sake. But Humanity, somehow- Oh! Oliver! I can’t – I can’t” (R.H. BENSON, The Lord of the World, 281).
35 Cfr. R.H. BENSON, The Lord of the World, 322. THE LORD OF THE WORLD R.H. Benson y la filosofía de la historia, 20

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The Light Invisible

In the convent chapel

Un año el anciano sacerdote decidió emplear sus vacaciones para hacer un recorrido caminando por una zona del país. Un amigo le recomendó que pasara por una población en concreto y que visitara un convento. Allí se dirigió. Se trataba de un convento de clausura. Le atendió la madre superiora. Le explica esta que se dedicaban a rezar por los pecadores, a atender a dos mujeres enfermas. Vivían de sus bordados. Además, le remarcó la superiora que siempre estaba el santísimo expuesto en la capilla y que siempre había una hermana rezando ante él. El clérigo pidió permiso para ir a la capilla a rezar. Allí observó que había efectivamente una religiosa inmóvil arrodillada ante el altar. Pensó el sacerdote que aquella era una vida algo inútil. Pero su intelecto recibió una \”revelación\”. Incapaz de explicarlo conceptualmente, recurre a las imágenes. Le dio la impresión de que entre la monja y el Santísimo había una corriente de energía. Como una correa moviendo dos engranajes o un cable de electricidad. A su vez los dos emitían energía. Y las almas de la humanidad la recibían. En aquella capilla había quietud y silencio, pero a la vez una gran actividad, igual que ocurre en muchas oficinas. Su vida como religioso activo era comparable a la actividad de un tendero, mientras que la actividad de las religiosas de clasura era comparabla a la actividad del gran directivo de una empresa multinacional de tiendas.

Under Which King?

Cuenta el anciano sacerdote que un amigo, también sacerdote, cuando tenía unos treinta años, se dedicó durante un tiempo a estudiar el misticismo quietista, y a su vez a ponerlo en práctica. Se inclinó más por la vertiente más intuitiva en contraposición a la intelectualista. Poco a poco fue dejando a actuar según las mociones interiores que recibía del Espíritu Santo. Un día se enteró de un cierto crimen que ocurrió. El joven sacerdote sintió que el señor A., el que cometió el crimen, no se salvaría si se seguía un proceso en contra de él. El único de quien dependía esta posibilidad era un tal señor B. El sacerdote entonces concertó cita con el señor B. para persuadirle. Al llegar a su casa, se encontró con que había un grupo de personas  junto al señor B. y al parecer con la intención de burlarse del cura. Entonces, el sacerdote sintió como si una fuerza le poseyera. Pronunció unas palabras, no más de doce, que enseguida olvidó. El rostro del señor B. cambió por completo. El cigarro que sostenía con los labios se precipitó al suelo. Uno de los caballeros que estaban en la habitación se puso en pie con cara de horror. El sacerdote, impulsado por la misma fuerza, salió de la sala y se marchó a casa. Allí se encontró agotado, y sin saber qué había dicho. Al día siguiente llegó una carta del señor B. con una disculpa y el compromiso de no iniciar acciones judiciales contra el señor A. ¿Se trataba de una moción de Dios o de una visitación de un espíritu? ¿O acaso se trataba de un caso de telepatía en la que el sacerdote captó los pensamientos del señor B.?

With Dyed Garments

El anciano sacerdote recibe una carta de un viejo amigo suyo de la infancia. Se trataba de una persona de éxito en los negocios bursátiles, pero a la vez una persona que había realizado una gran cantidad de buenas obras. Cuenta el sacerdote que un día volviendo su amigo del trabajo a casa en omnibus, vio cómo un mendigo cruzaba la calle. Se encontró de repente con un carro de caballos que venía de frente. Lo esquivó, pero al caer el omnibus le aplastó los pies. Unos meses después caminando por Londres vio otro indigente. Sus manos estaban vendadas y contrastaban unas rojas manchas de sangre del blanco de las vendas. Al poco tiempo, estando él sólo en casa de su padre, una criada se puso enferma y empeoraba. El médico aconsejó que fuese operada. La operación comenzaba con una incisión en el costado. Otro día caminando por el bosque, un joven se arañó la frente con un espino. Todos estos hechos hicieron mella en el alma del broker. Los pies heridos, las manos heridas, el costado traspasado y la frente sangrante, parecían pistas de una sola realidad, la persona de Cristo sufriente, con sus heridas. A partir de ese momento, comenzó a buscar la manera de hacer el bien a sus semejantes sufrientes.

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Saint Thomas of Canterbury

Este libro narra la historia de una persona importante dentro de la historia de Inglaterra; de un joven de origen más bien humilde que llegó a la cumbre del poder terrenal cuando fue nombrado canciller por el rey Enrique II. También narra el conflicto entre la Iglesia y el Estado personalizados en Enrique y Thomas. El rey intenta imponer su criterio a la vida eclesiástica en un intento de dominar a la Iglesia (cesaropapismo) y tenerla a su entera disposición. Cuando la sede del arzobispado de Canterbury quedó vacante, Enrique propuso a su amigo Thomas para el puesto. No imaginó que años después éste resistiría heroicamente el envite estatal por controlar la Iglesia. Finalmente nos cuenta también la vida de un santo que, sin demérito de su martirio, llevó una vida santa y ejemplar.

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Richard Raynal, Solitary

Richard Raynal, solitary es un libro deliciosamente escrito. A pesar de que el inglés no es mi lengua materna, se logra apreciar que existe una diferencia cualitativa entre el estilo de este libro y el de los demás que he leído. Al parecer, el mismo autor lo consideraba su mejor obra.
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Confessions of a Convert

Instado por más de uno, Hugh Benson se propone reunir apuntes de conferencias y artículos para publicar este libro con sus memorias en lo que se refiere a su conversión del anglicanismo al catolicismo. El libro tiene 8 partes:
I: Formación dentro de la Iglesia de Inglaterra e influencia de su padre. Decisión de hacerse clérigo anglicano. Su primer destino como sacerdote.
II: El viaje a Egipto. Tras la muerte de su padre llegan sus primeras dudas. La vida religiosa.
III: Vida en Mirfield en la comunidad de la Resurrección. Llega a la teoría de la “Iglesia difusa” (Diffusive Church).
IV: Escribe su primer libro. Busca reafirmación de principios en medio de dudas católicas.
V: Siguen las dudas. Abandona la comunidad y va a vivir con su madre.
VI: Ve la Iglesia católica con claridad. Últimas dificultades. Va al convento del P. Reginal Buckler, O.P.
VII: Sequedad interior. Es recibido en la Iglesia Católica
VIII: Decepciones del converso. Comienza el aprendizaje. Imposible volver a la Iglesia de Inglaterra. Ahora ya está en casa.

A continuación el resumen extendido:
I: Hugh Benson considera que la formación que recibió en la Iglesia de Inglaterra fue sabia. Su padre influyó enormemente en él. Edward White Benson era un hombre de fuerte carácter y de personalidad absorbente, ceremonioso y detallista. Él solo llenaba la vida religiosa de la familia. Era un erudito y dominaba el latín y el griego, la escritura y la historia de la Iglesia. Hugh reconoce que las magistrales lecciones de su padre no le ayudaron a amar a Dios ni a temerle. Lo que su padre le dejó fue un gran sentido de gobierno moral y un tremendo poder tras los fenómenos. Lo dominaba y cuando murió fue como si el techo de casa se elevara hasta el cielo. En la escuela de Clevedon, pero sobre todo en Eton existía una gran formalidad religiosa. Las funciones religiosas era más unas clases de arte que servicios religiosos. Hugh echó en falta una personalización de la fe. Tras su estancia en Eton tuvo la primera impresión religiosa personal. Comenzó a sentir un interés vago por la teosofía y la liturgia de la catedral de san Pablo le atraía, le hacía ver chispas de espiritualidad. Leyó y releyó “John Inglesant” de Mr. Shorthouse, que según el mismo Benson tenía una cierta tendencia al panteísmo. En Cambridge se separa de las oración y el único lazo que aún le une con la religión es la música. Su religión era más bien arte e impersonal. Ni temía a Dios ni le amaba. Durante aquel período se dedicaba mucho al hipnotismo. No sabe exactamente qué es lo que le movió a hacerse clérigo. Quizá lo veía como el futuro más fácil y como una buena forma de agradar a su padre, aunque, por otro lado, también deseaba ser lo más digno posible. Se va a estudiar a Llandaff con Dean Vaughan, un hombre con una personalidad atrayente y con carisma. Era de corriente más bien evangélica, con un profundo amor a Cristo. Recuperó Hugh, sin embargo, “John Inglesant” y la comunión antes del desayuno, que podrían ser dos costumbres no acordes con el evangelismo. Antes de la ordenación diaconal decide hacer un retiro y en él experimenta una absoluta sequedad. Su padre le ordenó en Addinton en 1894, en la Iglesia Parroquial de Croydon. Trabajó luego en Eton Misión y decidió coger el camino de la High Church. Asiste a unas conferencias que le hacer ver el cristianismo como un todo orgánico por primera vez en su vida. En la parroquia donde trabaja se da cuenta de que la pastoral está un poco abandonada, sin comunión diaria y no se animaba a la gente a la confesión. Él, por su parte, antes de su ordenación presbiteral, hace una confesión general, y fue para él un gran gozo. Más adelante visita a un antiguo amigo suyo católica que esta en el noviciado de los oratorianos. En 1896 muere su padre. Vuelve a la parroquia y cae enfermo. Viaja a Egipto.
II: Durante el viaje a Egipto se da cuenta de que la Iglesia de Inglaterra es provinciana y desconocida fuera del ambiente inglés. Nadie sabía quién era él con sus vestidos clericales. Visita la Iglesia católica de un pueblo egipcio. No había esa perfección de la civilización europea. Formaba parte del lugar. Este fue el primer sentimiento de algo católico. Pasa por tierra santa. Se da cuenta de que no son nadie y no tiene privilegios para celebrar en ningún sitio. No son el tronco sano de un árbol podrido, sino una especie de apéndice espúreo. El sentimiento de que el anglicanismo es regional y está aislado crece. En Damasco recibe noticias de la conversión de un conocido. Vuelve a Inglaterra a su isla tanto geográfica como religiosa. Le destinan a Kemsing. Fue este un tiempo feliz. Se oficiaban allí dos tipos de celebración. Además de la anglicana habitual, por el terrateniente del lugar, que era ultra-protestante se hacían ceremonias especiales. Durante este período se confesaba en Londres 4 veces al año y se unió a cuatro sociedades ritualistas. Le surgen dudas. En realidad, ¿celebraban el culto o simplemente se reafirmaban espléndidamente en algo que no tenían? Son momentos de tentaciones. En las bodad de diamante de la reina ve al legado papal. Oye su primera confesión en Eton. Comienza a ver que existe un aislamiento anglicano y que hay un sentido de continuidad en la Iglesia Católica. Visita un convento en el que hay unos amigos. Allí celebran ritos católicos. Se introducen en la vida monástica en la comunidad de la Resurrección de Mirfield con el Dr. Gore. Su dudas se disipan.
III: Benson recuerda con cierta añoranza la comunidad de la Resurrección. La regla por la que se regían era una especie de punto intermedio entre la de los redentoristas y los benedictinos. Acepta los dogmas católicos menos la infalibilidad. No sabe si profesar. Se encuentra en este punto en el extremo del anglicanismo. Ve la gracia de Dios actuar a través de su trabajo apostólico. Decide profesar una año después de lo esperado. No había discrepancias doctrinales graves en la comunidad. El Dr. Gore tenía sus ideas sobre la Encarnación, por ejemplo. En el mismo pueblo de Mirfield debía andar con cuidado de qué predicaba según dónde. No todos los anglicanos aceptaban ciertas enseñanzas de la misma manera. Se consideraba a sí mismo un miembro moderado de la “High Church”[1]. Considera a esta corriente como la más ortodoxa del cristianismo, la más cercana al cristianismo primitivo. Esta teoría se le derrumbó, y se fue a la escuela ritualista. Esta defiende que hay un asentimiento silencioso entre las cuestiones fundamentales de la fe entre Canterbury, Roma y Moscú. Y que las tres forman en realidad la verdadera Iglesia. Se llama a esta teoría: la “Iglesia difusa”.
IV. En 1902 empieza a escribir “The Light Invisible”, historias alrededor de un sacerdote que no se sabe si es católico o anglicano. Busca voluntariamente el punto intermedio (La Iglesia difusa). Con el libro busca reafirmarse en los principios de la religión (en general) y la intuición espiritual como estado habitual del creyente. Pero esta actitud es anglicana. El católico asiente y somete la voluntad. El anglicano debe buscar sentimientos e imaginar, porque no hay autoridad. No le gusta este libro suyo. No le preocupaba tener que repudiar las órdenes y sacramentos anglicanos, porque la gracia de Dios de hecho (in fact) llega, pero el modo (mode) no es sacramental. Le comunica a su madre sus dificultados católicas y a su superior y obedecía en todos los libros que le aconsejaban leer. Confiaba en las personas que le rodeaban. Las dudas le vuelven a asaltar abiertamente. Escribe a un sacerdote y le desanima. Le pide a un amigo converso que rece por él. En Pascua predica por última vez desde un púlpito anglicano. Describe los sentimientos del que se convierte. El sistema doctrinal/sacramental anglicano no funciona. Uno no sabe a qué atenerse. El católico sí. Hasta un niño sabe cómo reconciliarse con Dios, a pesar de tener un cura pecador. ¿Cómo se sabe quién está en comunión? El católico lo sabe fácilmente. Llega un momento en el que la razón ya no sirve. Leyó libros de grandes intelectuales. ¿Cómo podía él decidir sobre lo que grandes cerebros no se ponian de acuerdo?
V. Le dijeron que caía en el pecado de soberbia pretendiendo saber más que los sabios. Pero la salvación, pensó él, no depende de la sabiduría. Se lanzó a los brazos de Dios con humildad y pureza de intención. Leyó libros intelectuales y emocionales: Newman, Mallock… Mr. Mallock se carga la teoría de la “Iglesia Difusa”. Y no quería volver al agnosticismo sobre la Iglesia y dejar correr. “Development of Doctrine” (Fr. Carson) disipó las últimas neblinas. Se dedicó a leer las escrituras. Se muestra como una piedra preciosa enla superficie la autoridad conferida a Pedro. Newman le marca el camino. La decisión no fue intelectual. Fue atraído. Vio la Iglesia grande, cómo había crecido desde los primeros cristianos y cómo le reclama. La Iglesia de Inglaterra la seguía amando, pero no era lo mismo, no le mostraba el camino a seguir. Pidió permiso y se fue con su madre a pensar.
VI. En casa, se comporta como religioso de la comunidad, pero se sabe obligado a convertirse. Se encuentra espiritualmente extenuado. Empieza a escribir la novela históric “By what authority?” como válvula de escape. En tiempos de Isabel había persecución y se consideraba superstición las cosas que él usaba (rosarios, por ejemplo). Dejó de celebrar el servicio de la comunión. Le visitan el párroco, un prelado y un laico. Pero no le convencen. Mirfield le lanza un ultimátum. O vuelve o quedará expulsado. Se escribe cartas con otro prelado. Viaja en bicicleta hasta una cartuja. Allí no le entendieron. Habla con un actor sobre la Iglesia Católica en una posada. Le frenaba que su madre le pidiera paciencia y se diera la oportunidad de cambiar. Veía la ciudad de Dios con claridad. Indecisión. Contacta con el P. Reginal Buckler, O.P. y va a su convento.
VII. Los días anteriores fueron de sequedad interior. Es recibido en la Iglesia católica. Hace su primera comunión. Sueña con una casa junto al mar. Va a ver a un amigo sacerdote y ve la casa que vio en sus sueños. Explica a continuación algunas reacciones ante su conversión. La mayoría buenas, llenas de respeto, pero algunas dolorosas. Apareció en los periódicos.
VIII. No es posible volver a la Iglesia de Inglaterra. Le parece impensable. Decepciones del converso: – Desinterés por la propia fe y poca convicción manifestada en ausencia de proselitismo. – Envidia y crítica de los católicos “viejos”. Hay unidad doctrinal. Sólo disenso en modos romanos de actuar y cosas secundarias. Se prima más la obediencia de la voluntad, que la emoción o sentimientos. Por eso los católicos son menos cálidos que los protestantes. Muchos cumplen sin sentir. Eso es casi una utopía en el protestantismo. Defectos de las dos confesiones: Los anglicanos tienen fallos esenciales de fe. Los católicos tienen fallos inevitablemente humanos. Sobre las imágenes y las iglesias forman parte de la doctrina de la Encarnación. La espiritualidad ha bajado a la tierra (casa de Dios invisible). Impresión de Roma: Se usan símbolos e imágenes paganas para mostrar la revelación. Comienza el aprendizaje. Ve el motor de la catolicidad y cómo el catolicismo usa todo y lo asume dentro de la fe. La Iglesia se ve como reina y soberbia hacia fuera, pero como madre amorosa hacia dentro. La ciudad de Dios eleva sus torres hasta las nubes. Sólo he dado unos pasos hasta la puerta del cielo.
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[1] Sostenía Benson que tanto los ortodoxos como los católicos habían pecado de exceso, mientras que los protestantes (non-conformists) por defecto.
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