Lechos de muerte en Robert Hugh Benson

En primer lugar, supongo que es acertado echar un vistazo a lo que piensan las religiones en general sobre el hecho de la muerte, luego nos centraremos m√°s en el cristianismo, para acabar en el anglicanismo y el catolicismo, las adscripciones religiosas de Robert Hugh Benson.

Cuando se hallan restos arqueol√≥gicos, una de las se√Īales inequ√≠vocas de que pertenecieron a seres humanos es el hallazgo de vestigios de ritos funerarios. La muerte es la puerta a lo desconocido, y los difuntos son los que ya han partido a esos nuevos dominios. En este sentido es muy curioso el mote ingl√©s para traducir el espa√Īol “difunto”, que no es otro que “departed”, el que ha partido. Da la sensaci√≥n de que la persona muerta ha marchado a un viaje que se adentra en una tierra inexplorada. En las culturas antiguas se intenta preparar de la mejor manera este paso de nuestra vida conocida a ese lugar misterioso. No es extra√Īo que se encuentren las armas, los utensilios u objetos del difunto en sus tumbas. Seguramente disfrutar√≠a de todos ellos en la otra vida, igual que lo hizo en esta. Es probable que una de las mayores sofisticaciones funerarias que se encuentran en la antig√ľedad, se diera en Egipto. Algunos faraones llegaron a ser enterrados con sus mujeres y sirivientes o se hicieron construir barcos, con los que zarpar√≠an al m√°s all√°. Todas las culturas han honrado de una u otra manera a sus difuntos, a aquellos que ya no est√°n con los vivos, sino que han traspasado esa frontera de la muerte y se encuentran inmersos en el misterio.

Es un hecho que a lo largo de la historia ha existido esta percepci√≥n de que al otro lado de la muerte hay un mundo o estado desconocido, un “m√°s all√°”. No es el objeto de este art√≠culo investigar c√≥mo surgi√≥ esta percepci√≥n ni comprobar si es cierta. El hecho permanece. Existe tambi√©n la conclusi√≥n fr√≠a de los materialistas, de los ateos y de algunos esc√©pticos que afirman que la muerte es el final, que con la desintegraci√≥n del cuerpo se acaba todo tipo de existencia. Aunque ha habido esc√©pticos en todas las √©pocas, el hecho del ate√≠smo es m√°s bien reciente, y supone s√≥lo una excepci√≥n que confirma la regla de que en todos los tiempos, el hombre, equivocado o no, ha visto la muerte como la puerta a un tipo de existencia diferente.

{mospagebreak}Si nos acercamos m√°s a la posici√≥n de Benson, nos hemos de introducir en la tradici√≥n monote√≠sta, m√°s en concreto en el tronco judeocristiano. Aqu√≠, al contrario que en ciertas religiones orientales, la muerte tiene un car√°cter definitivo. Se aleja, por tanto, de las teor√≠as de la Metempsicosis o migraci√≥n de las almas, o si se prefiere de la reencarnaci√≥n. Plat√≥n mismo conceb√≠a un dualismo cuerpo – alma en el ser humano. El alma se encuentra como atrapada dentro del cuerpo. Al morir el cuerpo, el alma sigue viva y busca otro hombre en el que reencarnarse. Es famoso su mito del carro tirado por dos caballos, siendo el piloto el alma y el carruaje el cuerpo. Tanto en el hinduismo como en el budismo la muerte es el paso inmediatamente anterior de una reencarnaci√≥n en otro ser vivo. El ciclo de la vida incluye la vida y la muerte de forma interminable, si el ser humano no consigue reunir unas ciertas condiciones que le permiten romper este ciclo y alcanzar la conciencia superior, la extinci√≥n o el nirvana. No ocurre as√≠ en el cristianismo en el que, como dice san Pablo: “ha sido establecido que el hombre viva una sola vida y muera una sola vez, y luego la eternidad”. La visi√≥n judeocrisitana de la muerte va muy ligada con la recepci√≥n de lo que la persona se ha merecido durante la vida. Es el momento que antecede al juicio de Dios. Para el cristiano la muerte es el punto de entrada a las verdades eternas: el juicio y posteriormente, la bienaventuranza eterna o la condenaci√≥n eterna. La muerte es, por tanto, una embajadora de la verdad. Con ella se acerca el momento en el que no hay jueces sobornables ni lugar para el autoenga√Īo. Tras ella se acaban las apariencias.

Sin duda por esto es tan importante para Benson examinar los lechos de muerte de personajes importantes. En esos momentos se enfrentan a todo aquello que pretend√≠an esconder a su conciencia, porque saben que ‚Äúm√°s all√°‚ÄĚ no habr√° remedio. Las falsedades de la vida se desmoronan, porque ante los se les viene encima, ya no hay manera de mantenerlas.

Analiza, por eso, con cuidado los lechos de muerte de Isabel, la reina buena y de Mar√≠a, la Sanguinaria. La primera disfrut√≥ del √©xito en la vida y ante la muerte parec√≠a enloquecer y verse perseguida por fantasmas; la otra fracas√≥ en su vida, pero ante la muerte no ten√≠a nada que ocultar y la esperaba con paciencia y serenidad. Con este art√≠culo Benson nos quiere decir una cosa muy clara: aparte de lo que hayan podido hacer en su vida, la verdad profunda de sus personas se manifest√≥ en esos momentos clave previos a su fallecimiento. Lo dem√°s puede enga√Īar, porque no sabemos si actuaban sinceramente o no.

{mospagebreak}En “Come Rack! Come Rope!” tambi√©n presenta a una reina, a Mar√≠a de Escocia, en los momentos que preceden a su ejecuci√≥n. Destaca de modo especial su entereza y dignidad, as√≠ como la de todos los m√°rtires que aparecen en la novela.

Estas narraciones y los relatos en general de los m√°rtires cristianos de todos los tiempos tienen ese halo de heroicidad, pero tambi√©n de demostraci√≥n. El m√°rtir muere con total enterza porque sabe que luego le espera el premio por este “castigo” injusto que recibe en la tierra. Se demuestra por los comportamientos valientes de estos hombres y mujeres que hay algo m√°s despu√©s de la muerte, algo definitivo, y que el martirio supone el paso a lo mejor de ese algo que hay m√°s all√°.

Desde el punto de vista filosófico me parece interesante la visión del lecho de muerte como lugar fuerte de sinceridad existencial.

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