Un libro de ensayos

Ya está en preparación la edición de la traducción de este libro de Robert Hugh Benson.
En él se presentan nueve ensayos de origen diverso en los que se muestran temas sobre todo apologéticos. En ellos habla de infalibilidad, de espiritismo o del futuro del catolicismo. Como siempre no deja indiferente al lector con sus ideas y argumentos ingeniosos. En estos ensayos se muestra Benson en todo su esplendor.

La edición vendrá con un extenso prólogo que aclara muchos de los aspectos de las ideas del hijo del Arzobispo.

En el siguiente fragmento, por ejemplo, de “Infalibilidad y Tradición” intenta argumentar la existencia de la infalibilidad en la Iglesia a través de una analogía matemática:
“Aunque soy consciente de que las analogías no prueban nada, nos disponen ciertamente a creer. Para probar un acontecimiento o una doctrina se requiere mucha más demostración sin una analogía que con ella. Por esta razón la Encarnación está en todos los puntos fundamentales de la doctrina del cristianismo. Ciertamente es un acontecimiento único, completamente sin analogía en ninguna parte, excepto en un momento preciso y de una manera misteriosa. Sin embargo, si lo aceptamos por fe, la doctrina de la Presencia Real se hace casi inevitablemente creíble, dado que en muchos sentidos no es más que la prolongación del proceso. La Encarnación es la analogía del Santísimo Sacramento, no viceversa. Creemos en el segundo porque creemos el primero. Necesitamos, por tanto, como paralelismo de la posición de Infalibilidad en el esquema de la Iglesia, una mente, un objeto, y una relación entre ellos, que correspondan con la consciencia explícita de la Iglesia, el depósito y la Infalibilidad; y, para que la analogía sea completa, la relación en nuestra analogía debe ser idéntica a la relación de la cual es una analogía.
Creo que lo que buscamos se encuentra en el caso de las ciencias exactas.
Estrictamente hablando, como Mr. Illingworth señala, el objeto material de las ciencias exactas no tiene existencia concreta; consiste en abstracciones formadas por la mente. No hay un dos en el mundo objetivo: sólo hay dos caballos o dos manzanas. Estrictamente hablando, igualmente, no existe una línea ni un punto ni un círculo.
Por tanto, dado que las ciencias de la aritmética y la geometría son abstracciones formuladas por la mente, son el único objeto respecto al cual la mente es infalible. La mente es literalmente infalible en aritmética (las mentes individuales pueden cometer errores, y de ello son conscientes todos los colegiales), pero esto sucede sólo porque otras consideraciones, emociones o distracciones entran en el cálculo. La mente pura, abstraída de todo lo demás, es incapaz de error en estas materias. La mente, no sólo no ha cometido nunca un error, sino que es incapaz de cometerlo. Ningún descubrimiento de ninguna naturaleza podría hacer de 2 + 2 algo diferente de 4, aunque es perfectamente verdad que dos cosas sumadas a dos cosas pueden dar a menudo 5 o 3.
(Más aún, podríamos decir, a modo de paréntesis, que toda facultad que sobrevive debe ser infalible con respecto a su propio objeto: el ojo, considerado en general, debe ser infalible con respecto a la luz, el oído con respecto a las vibraciones del sonido. Si no fuera así, haría tiempo que los ojos y los oídos hubieran dejado de existir.)
Aunque pongamos reparos a este paréntesis, creo que no podemos objetar nada a la analogía de la mente pura y las ciencias exactas. Aquí tenemos una mente, un objeto y una relación de infalibilidad entre ellos.
Sin embargo, es imposible decir que la consciencia humana, en su conjunto, se haya formulado a sí misma esta inmensa prerrogativa. Es verdad que el hombre ha actuado según ella, que los matemáticos la han afirmado, pero dudo mucho que sea posible decir que haya una impresión popular general de que las matemáticas en gran medida son infalibles en su terreno. Los hombres se fían de ellas, es cierto, arriesgan sus fortunas por ellas; pero a no ser que resulte que se zanje el asunto ante ellos dogmáticamente, siempre se abstendrán de declarar la infalibilidad de la mente en cualquier materia. Y, sin embargo, es un hecho.”

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