The Light Invisible

In the convent chapel

Un a√Īo el anciano sacerdote decidi√≥ emplear sus vacaciones para hacer un recorrido caminando por una zona del pa√≠s. Un amigo le recomend√≥ que pasara por una poblaci√≥n en concreto y que visitara un convento. All√≠ se dirigi√≥. Se trataba de un convento de clausura. Le atendi√≥ la madre superiora. Le explica esta que se dedicaban a rezar por los pecadores, a atender a dos mujeres enfermas. Viv√≠an de sus bordados. Adem√°s, le remarc√≥ la superiora que siempre estaba el sant√≠simo expuesto en la capilla y que siempre hab√≠a una hermana rezando ante √©l. El cl√©rigo pidi√≥ permiso para ir a la capilla a rezar. All√≠ observ√≥ que hab√≠a efectivamente una religiosa inm√≥vil arrodillada ante el altar. Pens√≥ el sacerdote que aquella era una vida algo in√ļtil. Pero su intelecto recibi√≥ una \”revelaci√≥n\”. Incapaz de explicarlo conceptualmente, recurre a las im√°genes. Le dio la impresi√≥n de que entre la monja y el Sant√≠simo hab√≠a una corriente de energ√≠a. Como una correa moviendo dos engranajes o un cable de electricidad. A su vez los dos emit√≠an energ√≠a. Y las almas de la humanidad la recib√≠an. En aquella capilla hab√≠a quietud y silencio, pero a la vez una gran actividad, igual que ocurre en muchas oficinas. Su vida como religioso activo era comparable a la actividad de un tendero, mientras que la actividad de las religiosas de clasura era comparabla a la actividad del gran directivo de una empresa multinacional de tiendas.

Under Which King?

Cuenta el anciano sacerdote que un amigo, tambi√©n sacerdote, cuando ten√≠a unos treinta a√Īos,¬†se dedic√≥ durante un tiempo a estudiar el misticismo quietista, y a su vez a ponerlo en pr√°ctica. Se inclin√≥ m√°s por la vertiente m√°s intuitiva en contraposici√≥n a la intelectualista. Poco a poco fue dejando a actuar seg√ļn las mociones interiores que recib√≠a del Esp√≠ritu Santo. Un d√≠a se enter√≥ de un cierto crimen que ocurri√≥. El joven sacerdote sinti√≥ que el se√Īor A., el que cometi√≥ el crimen, no se salvar√≠a si se segu√≠a un proceso en contra de √©l. El √ļnico de quien depend√≠a esta posibilidad era un tal se√Īor B. El sacerdote entonces concert√≥ cita con el se√Īor B. para persuadirle. Al llegar a su casa, se encontr√≥ con que hab√≠a un grupo de personas¬† junto al se√Īor B. y al parecer con la intenci√≥n de burlarse del cura. Entonces, el sacerdote sinti√≥ como si una fuerza le poseyera. Pronunci√≥ unas palabras, no m√°s de doce, que enseguida olvid√≥. El rostro del se√Īor B. cambi√≥ por completo. El cigarro que sosten√≠a con los labios se precipit√≥ al suelo. Uno de los caballeros que estaban en la habitaci√≥n se puso en pie con cara de horror. El sacerdote, impulsado por la misma fuerza, sali√≥ de la sala y se march√≥ a casa. All√≠ se encontr√≥ agotado, y sin saber qu√© hab√≠a dicho. Al d√≠a siguiente lleg√≥ una carta del se√Īor B. con una disculpa y el compromiso de no iniciar acciones judiciales contra el se√Īor A. ¬ŅSe trataba de una moci√≥n de Dios o de una visitaci√≥n de un esp√≠ritu? ¬ŅO acaso se trataba de un caso de telepat√≠a en la que el sacerdote capt√≥ los pensamientos del se√Īor B.?

With Dyed Garments

El anciano sacerdote recibe una carta de un viejo amigo suyo de la infancia. Se trataba de una persona de √©xito en los negocios burs√°tiles, pero a la vez una persona que hab√≠a realizado una gran cantidad de buenas obras. Cuenta el sacerdote que un d√≠a volviendo su amigo del trabajo a casa en omnibus, vio c√≥mo un mendigo cruzaba la calle. Se encontr√≥ de repente con un carro de caballos que ven√≠a de frente. Lo esquiv√≥, pero al caer el omnibus le aplast√≥ los pies. Unos meses despu√©s caminando por Londres vio otro indigente. Sus manos estaban vendadas y contrastaban unas rojas manchas de sangre del blanco de las vendas. Al poco tiempo, estando √©l s√≥lo en casa de su padre, una criada se puso enferma y empeoraba. El m√©dico aconsej√≥ que fuese operada. La operaci√≥n comenzaba con una incisi√≥n en el costado. Otro d√≠a caminando por el bosque, un joven se ara√Ī√≥ la frente con un espino. Todos estos hechos hicieron mella en el alma del broker. Los pies heridos, las manos heridas, el costado traspasado y la frente sangrante, parec√≠an pistas de una sola realidad, la persona de Cristo sufriente, con sus heridas. A partir de ese momento, comenz√≥ a buscar la manera de hacer el bien a sus semejantes sufrientes.

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